Película: Hungry hearts

Sobre esta película se ha dicho que tiene un cierto parecido con La semilla del diablo (Rosemary’s baby, 1968), el clásico de terror psicológico de Roman Polanski, pero la verdad es que suena a propaganda inventada, pues en nada se parece. Es cierto que la segunda parte toma un tono no exactamente terrorífico pero sí de progresiva tensión, incluso angustia por el futuro del bebé, pero de ahí a encontrar parecidos con la película polanskiana hay un abismo.


Hungry hearts es, de entrada, una rareza: de nacionalidad exclusivamente italiana, sin embargo está rodada en Estados Unidos, en Nueva York, concretamente, con casi todos sus diálogos en inglés, salvo algunos momentos en los que el personaje de la chica itálica habla en su lengua vernácula. Parece, entonces, un filme norteamericano más, un filme quizá de tipo indie, de los que pasan por el Festival de Sundance o similares. Pero resulta que no, que es europeo, y además, aunque sea un drama, no deja de tener también su punto de thriller, género al que en Europa no se le echa demasiada cuenta, como si hacer cine de género fuera menoscabo para nuestros “artistas”.


Saverio Costanzo, autor del filme, adapta la novela Il bambino indaco (El niño índigo), de Marco Franzoso. La película marca claramente dos partes, probablemente para hacer más dura la segunda por comparación con la primera. El comienzo nos presenta el embarazoso primer encuentro, por las circunstancias, de los protagonistas, en el servicio de un restaurante chino en Nueva York; cuando ella entra, equivocada, en el aseo de hombres, al intentar salir la puerta se queda atorada. Él, cuando sale del W.C., tampoco puede abrirla, pero entre tanto los “efluvios” en la mínima estancia (el hombre ha comido pescado en mal estado, asegura…) hace que la cosa sea cuando menos cómica. De aquel encuentro surge una complicidad; todo vendrá rodado: ella se queda embarazada, aunque no quería, y vendrá la boda, la convivencia en común, en principio idílica, hasta que la chica empieza a presentar síntomas de desequilibrio al intentar poner en práctica sus radicales ideas sobre una alimentación sana. En un caso de sobreprotección llevada a extremos insoportables, la relación de la pareja se deteriora a ojos vista.


El dilema que plantea el filme es probablemente insoluble, al menos por la vía legal y moral: qué hacer si una enfermedad psíquica pone en grave riesgo la salud, la vida, de alguien de tu misma sangre, sin posibilidad de defenderse por sí mismo.


Es cierto que Costanzo manipula la historia para que el espectador se ponga de lado del marido (quién no lo haría cuando está en juego la vida de un bebé y ella da muestras de insania, con grave peligro para el niño), pero lo cierto es que la película funciona, con una intrigante progresión dramática y un gran duelo interpretativo de los dos protagonistas, Adam Driver y Alba Rohrwacher, ambos reconocidos como los mejores intérpretes en el Festival de Venecia de 2014.


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109'

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Hungry hearts - by , Nov 24, 2014
2 / 5 stars
El niño índigo