Película: I'm not there Con más de dos años de retraso con respecto a su estreno en Estados Unidos nos llega esta peculiarísima biografía (no sé si decir apócrifa: al menos parcialmente sí que parece serlo) de Bob Dylan, unos de los artistas que han marcado, para bien o para mal, la segunda mitad del siglo XX. Dylan y sus canciones de la primera época (hablamos de “Blowin’ in the wind” o “The times they are a-changin”) se constituyeron en himnos de un tiempo, el de la revuelta década de los sesenta, que cambió el mundo: junto al pop de The Beatles, el rock electrizante de Elvis, el Mayo Francés y la Primavera de Praga, le dieron la vuelta a un mundo demasiado encorsetado en clichés periclitados, demasiado feliz de haberse conocido.
Pero la vida y la obra de Dylan es polimórfica, quizá poliédrica, y Todd Haynes ha optado, riesgosamente, por adjudicar el personaje a seis intérpretes distintos, incluyendo heterodoxias tales como incluir entre los mismos a una mujer, Cate Blanchett (quien, curiosamente, es el actor/la actriz que físicamente más se asemeja al original Dylan) y a un negro, el pequeño Marcus Carl Franklin.
No es la primera vez, ni mucho menos, que en el cine un personaje es interpretado por más de un actor o actriz en la misma película. Recuérdese, sin ir más lejos, el rol de Conchita en la buñueliana “Ese oscuro objeto del deseo”, encarnado simultáneamente por Ángela Molina y Carole Bouquet. Sí es cierto que quizá sea la primera ocasión en la que un único personaje es interpretado a la vez por tantos actores y actrices, pero eso no sería, en principio, especialmente significativo. Sí lo es el hecho de que esos personajes sean Dylan, pero al tiempo no lo sean: todos ellos aparecen como heterónimos, con otros nombres imaginarios (como imaginario es el propio Bob Dylan, cuyo nombre real es Robert Allen Zimmerman; es sabido que el músico tomó su nombre artístico del poeta galés Dylan Thomas).
Probablemente el director, Todd Haynes, ha optado por esta curiosa fórmula para deslindar todos los Bob Dylan posibles; y es que la contradictoria figura de este músico genial da para componer distintos personajes, desde el inicial, contestatario y contracultural, al posterior, que se rebeló contra los que le apoyaban y (¡ay!) utilizaban, pasando por el que abrazó la música hecha con instrumentos eléctricos (él, que era el adalid de la música física) y el que, hacia finales de los setenta, se convirtió sorprendentemente en ferviente cristiano; ello por no hablar de sus escarceos con el cine, con un título mítico como “Pat Garrett y Billy The Kid” o fiascos notables, como “Renaldo y Clara”. Así que, en realidad, la utilización de seis intérpretes distintos, con sus respectivos “caretos” y con diversos nombres (esos heterónimos a los que nos referíamos), tampoco es tan disparatado.
Otra cosa es que, en la intención de Haynes por darnos esa imagen poliédrica de Dylan, se produzcan reiteraciones y escenas que no aportan nada. No se trata de que la biografía dylaniana no sea exacta: no estamos ante un “biopic” al uso, sino ante una recreación, con elementos verdaderos pero también inventados, de la vida y la obra de un músico excepcional, contradictorio y torturado, un hombre al que, probablemente, convertirse en mito universal con poco más de veinte años le sumió en el desconcierto más absoluto.
El resultado es irregular pero estimulante: el retrato de Dylan nos llega como a pinceladas, con las muy diversas facetas de su carrera y su carácter, presentándonos a un ser humano que se rebela continuamente contra todo: contra el mundo tradicional, pero también contra quién quiere utilizarlo en su provecho, contra la prensa instalada o sin instalar, contra sus fans, contra su familia.
Por cierto que no deja de ser curioso que sea Todd Haynes precisamente quien haya hecho este extraño filme, siendo como es este cineasta un icono del cine gay, donde consiguió notoriedad en los años noventa con “Poison”, y posteriormente, ya en este siglo, con una versión filohomo del melodrama sirkiano en “Lejos del paraíso”. El trabajo de guión y de dirección de Haynes es notable, consiguiendo dar una visión sobre Bob Dylan que colinda con la que podría proporcionar un caleidoscopio, con diversas facetas del artista que se multiplican “ad infinitum”.
Seguramente el legendario músico de Minnesota no es así, pero aquí no estamos ante un documental, sino ante una obra artística, en el sentido estricto del término, una obra que busca, indaga y explora. Quien quiera conocer la vida y milagros de Bob Dylan, que se vaya a una enciclopedia…

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135'

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I'm not there - by , Feb 21, 2010
3 / 5 stars
Bob Dylan. Heterónimos. Caleidoscopio.