Película: Imparable Tony Scott arrastra la fama de ser el hermano tonto, o torpe, de Ridley Scott. Seguramente lo será, al menos desde un punto de vista artístico: dentro de 100 años (si es que el mundo sigue existiendo, y el ser humano sigue siendo la especie predominante, lo que está por ver), se seguirán recordando, disfrutando y estudiando Alien y Blade Runner, las dos obras capitales de Ridley, pero nadie recordará nada de Tony, como no sea la ambigüedad etérea de su iniciática El ansia y, en todo caso, la interesante tensión creada en Marea roja. En  cualquier caso, ninguna aportación sustancial al cine, de lo que sí puede presumir Ridley.

Sin embargo, si lo miramos desde el punto de vista del vil dinero, las películas de Tony han tenido mucho mejores recaudaciones que las de Ridley, aunque, como decía Camilo José Cela, el dinero no da la inmortalidad.

Este Imparable tampoco añadirá mucho prestigio a Tony Scott, como no sea entre el gremio de los ferroviarios. El filme se articula como una película en la que el malo resulta ser una bestia sin mente pero potencialmente dotada de una capacidad destructora pavorosa. Por uno de esos errores estúpidos del mequetrefe de turno, un convoy ferroviario escapa del control de los operarios y se lanza en una carrera desenfrenada hacia un núcleo urbano de alta densidad demográfica. Otro tren, en el que conviven por primera vez un veterano maquinista que está a punto de jubilarse y un jovencito recién llegado con mucha teoría pero ninguna práctica (y que además es el jefe nominal del viejo), tendrá que intentar detener la marcha del ferrocarril desbocado, con riesgo de su vida.

Película que combina elementos como el cine de “buddies” o colegas, en este caso en su modalidad de opuestos (es la más habitual: remember la saga Alma letal), con el de catástrofes (porque el convoy descontrolado va arrasándolo todo a su paso, y amenaza con una hecatombe), no brilla precisamente en su aspecto de personajes, romos y arquetípicos, con el veterano sabio estricto cumplidor de sus obligaciones, pero al que el sistema ningunea, bla, bla, bla, y el jovencito imberbe, de lastimosa vida personal, que intenta mantener el tipo ante el viejo. Nada nuevo bajo el sol (o bajo el impenitente nublado del filme), ni hay perfiles mínimamente interesantes en estos dos hombres inicialmente enfrentados que, por supuesto, terminarán dando lo mejor de cada uno y convirtiéndose en dos colegas de lealtad absoluta.

Me quedo entonces con cierta dosis de tensión, en la que Tony ya ha dado muestras de ser un buen profesional, y algunas imágenes, como esa locomotora del tren desbocado, tratada aquí como si fuera un animal, una bestia sedienta de sangre, un amasijo de acero, tornillos y silicio, metafóricamente dotada de un ansia por destruir, cuyo rugido en forma de atronador pitido ferroviario, recuerda el de un león, un tigre, tal vez un dragón.

En el apartado interpretativo, Denzel Washington va con el piloto automático (hay frases hechas que en algunos casos, como en este, son afortunadas…), a sabiendas de que está haciendo un trabajo alimenticio que no le reportará otra cosa que ocho dígitos en su cuenta corriente; y Chris Pine, el improbable James T. Kirk joven de Star Trek (2009), que aquí tampoco brilla precisamente a gran altura; bien es cierto que no tenía papel, pero algo más de carne en el asador no hubiera estado mal…

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101'

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Imparable - by , Nov 27, 2010
1 / 5 stars
El rugido de la bestia