Película: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal Decía el gran Cecil B. de Mille, hoy tan olvidado, que las películas deberían empezar con un terremoto, continuar con la erupción de un volcán, y, a partir de ahí, seguir para arriba… Tal que este aserto parecen haber seguido “ad pedem litterae” tanto Steven Spielberg como director como George Lucas como productor, y por supuesto su empleado (uy, perdón, su guionista…) David Koepp, a la hora de preparar esta cuarta entrega de una saga que, con los tres títulos rodados en los años ochenta, estaba ya más que servida. Porque lo cierto es que el interés de aquellos tres filmes fue de mayor a menor: En busca del Arca perdida fue una notabilísima película de aventuras que recuperaba el mejor espíritu libre e iconoclasta de los seriales aventureros de los años cincuenta, fresca y ligera, una delicia, llena de un humor irónico que creó escuela; la segunda entrega, Indiana Jones y el templo maldito, ya empezó a decaer: aunque la historia era resultona y tenía un comienzo electrizante, la última media hora se hizo con la premeditada intención de que el espectador se sintiera en una montaña rusa; pero un parque de atracciones no es una película, como bien sabemos; la tercera parte, Indiana Jones y la última cruzada, era, como decimos en mi tierra, la zurrapa, el poso que quedaba, a lo que ni siquiera la presencia siempre agradecida de Sean Connery como un improbable padre de Harrison Ford (se llevan sólo doce años: ¡qué precocidad paterna!) conseguía redimir de sus carencias.

Así las cosas, que casi veinte años después los ya canosos Spielberg y Lucas decidan retomar la saga tiene unos visos de operación comercial que tira de espaldas. Tras el exitoso “revival” de la saga de Star Wars, pilotada por el segundo de los mentados, estaba claro que ahora le tocaba el turno al arqueólogo más famoso del mundo, como próximamente le tocará a la serie de Jurassic Park, y así “ad nauseam”. Pero este Indiana Jones 4, por abreviar el kilométrico título, enseña enseguida la patita de su exclusiva intención de reventar taquillas.

El preámbulo parece seguir la máxima demilleana: empezamos con la explosión de una bomba atómica, lo que permite una curiosa escena en un pueblo de atrezzo, con Indiana salvado, no de las aguas, sino de la tremenda explosión (y lo que es peor, de la temible radiación) merced a un humilde artilugio doméstico. Después se suceden las escenas de acción, a cual más improbable como la persecución en coche y moto a “campus” través, incluidas aulas y biblioteca de la universidad donde imparte clases el doctor Jones.

Aparece la figura del chico atolondrado y la chica (algo talludita: y es que Harrison Ford ya no es ningún niño) y se va desgranando la trama, bastante inverosímil, donde hasta el conquistador español Francisco de Orellana aparece (textualmente) de cuerpo presente. Y llega entonces el encuentro de Indi con otro de los personajes spielbergianos por excelencia, un extraterrestre que parece un cruce entre dos de sus alienígenas: por un lado, el de E.T., el extraterrestre, aunque morfológicamente tiene más parecido con los hombrecillos entrevistos en Encuentros en la tercera fase. Ahí ya se empieza a delirar, con el arqueólogo y su recua (su talludita ex novia, el adolescente petulante, el doble o triple espía que no se sabe a qué amo obedece, y el profesor chalado) teniendo que luchar contra todo tipo de enemigos, en especial con los archimalvados de la historia, que para la ocasión son los soviéticos (lo que, me temo, no debe haber gustado mucho a la crítica supuestamente progre…), aunque con dislates históricos tales como decir que la antagonista (Cate Blanchett, deliciosa en su papel de villana) es la mano derecha de Stalin, en 1957, cuando el Padrecito llevaba cuatro años bajo tierra, y Kruschev, su sucesor, se había encargado ya de revisar, y de qué forma, el reinado de terror de aquella bestia parda. Así que el “storyline” de Indi-4 está pergeñado con un único, exclusivo objetivo: llenar las arcas (no la de la Alianza…) de dinerito, que la cosa está mu achuchá… ¿Cine? Bueno, eso lo dejamos para otro momento…

Actores: Harrison Ford va con el piloto automático, como ya es habitual desde hace demasiados años, en los que hace siempre el mismo papel, da igual que sea el agente de la CIA Jack Ryan, Indiana Jones o el mismísimo presidente de los Estados Unidos; Karen Allen recuerda a aquella poderosa mujer que era en En busca del Arca perdida, aunque la lozanía perdida le confiere un toque nostálgico; Shia LaBeouf no es la mejor elección para el personaje del hijo de Indiana: es demasiado enclenque y con aspecto torturado para que aquí lo hagan pasar por el petimetre arrogante que en ningún caso parece ser; por cierto que su primera aparición, con la misma caracterización del Marlon Brando de ¡Salvaje!, roza la blasfemia cinéfila; Cate Blanchett ya queda glosada, quizá lo mejor del filme; y John Hurt, que es un actor espléndido, aquí se limita a poner cara de lelo y a cobrar, fiel al proverbio español: dame pan y llámame tonto…

Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

120'

Año de producción

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal - by , May 29, 2008
1 / 5 stars
Cuando Indi encontró a E.T.