Película: Jackie

La historia de cómo se gestó este proyecto es casi tan interesante como la película misma. Inicialmente, hacia 2010, se pensó como miniserie televisiva, con Rachel Weisz en el papel de la que fue Primera Dama de Estados Unidos, Jacqueline Kennedy. Entonces Darren Aronofsky (autor de Pi, Réquiem por un sueño y Cisne negro, entre otras muy apreciables películas) era el director previsto, además de coproductor, y Steven Spielberg estaría en la producción. Poco después Aronofsky se apeó como director y Spielberg como productor, pero el primero siguió ligado al proyecto, ya sin Weisz como protagonista. En 2015 Aronofsky asiste en la Berlinale a la proyección de El club (2015), del chileno Pablo Larraín, y fuertemente impresionado, propone al director que se encargue de este biopic. Inicialmente renuente, Larraín finalmente acepta, a pesar de que hasta entonces no había hecho ninguna biografía de personaje histórico (poco después acometería su proyecto Neruda, sobre el poeta de Veinte poemas de amor y una canción desesperada), ya con Natalie Portman como protagonista y pieza básica en el filme, aunque también la actriz tuvo sus dudas, dada la mitificación existente sobre la viuda de JFK.

La acción se desarrolla en los días siguientes al asesinato en Dallas del presidente John F. Kennedy, contando como eje del filme la entrevista que un periodista de la revista Life realizó a la ya entonces ex Primera Dama en los días posteriores al magnicidio, y jugando mediante flash-backs con tiempos anteriores al homicidio pero también con los días que mediaron entre este y el funeral de Estado.

El problema principal con el que se enfrenta Jackie quizá sea el hecho de que se ha hablado, escrito, investigado, publicado y filmado tanto sobre el asesinato de Kennedy, sobre los días posteriores, sobre el autor, sobre el asesinato del autor… que ciertamente ya parece que poco hay que aportar a una historia archisabida. Larraín, con el guionista Noah Oppenheim, optan con buen criterio por intentar una interiorización en la persona de Jacqueline Kennedy en esos días aciagos que sucedieron al magnicidio, buscando encontrar a la persona detrás del personaje, a la mujer detrás de la Primera Dama, a la madre detrás del histórico rol que le tocó cumplir. Y el resultado, sin ser para tirar cohetes, es cierto que tiene entidad y empaque, y que cinematográficamente es irreprochable, con una estilosa puesta en escena que, sin embargo, no resulta evidente sino callada, buscando ajustarse al “look” de la época, una visión “vintage” que no presume de ello. A pesar de esos explícitos méritos, el filme tiene una alarmante tendencia a provocar el aburrimiento del público, quizá por la sensación de “dèja vu” que suscita, quizá por tratarse de un tema del que ya se sabe absolutamente todo, incluida una multitud de leyendas urbanas que, como corresponde, se demostraron más falsas que Judas.

Según el filme, Jacqueline Kennedy fue una mujer que, en aquel instante crucial de su vida y de la Historia de su país, tuvo vaivenes de conducta lógicos en quien sufrió lo indecible en aquel momento trágico del 22 de noviembre de 1963 y días posteriores, pero que finalmente, en contra de su fama de derrochadora y de mujer superficial y mundana, supo estar a la altura de los acontecimientos en el memorable funeral de Estado en el que tantos miedos se tenían. Con todo, los mejores momentos son los que presentan a la ex Primera Dama en sus conversaciones con un sacerdote católico (espléndido John Hurt, en uno de sus últimos papeles antes de morir), diálogos llenos de sentido, de reflexión, de introspección, más humanos que divinos, a pesar del interlocutor con golilla.

Natalie Portman hace un matizadísimo trabajo como el personaje central del filme. Sin ella no se entendería la película, y ciertamente está más que justificada su nominación al Oscar. Del resto, además del gran Hurt, habría que reseñar la escasa afinidad de un actor tan hierático como Peter Sarsgaard para el carismático personaje de Robert Kennedy. Y es que no basta con teñir a un actor de rubio para que sea el personaje…

En su entrevista con el periodista de Life, Jackie hablaría sobre la fugacidad del momento de gloria de John F. Kennedy, refiriéndose a que él y su equipo construyeron una especie de Camelot, un lugar donde se buscaba hacer el bien, y que, aunque en el futuro habría nuevos grandes presidentes, no habría otro Camelot, como metáfora del grupo joven, idealista, lleno de buenos propósitos, que una vez quiso cambiar América, hasta que América los cambió a ellos, y tan traumáticamente…


 


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Jackie - by , Feb 19, 2017
2 / 5 stars
No habrá otro Camelot