Película: Jill Al amparo del llamado espíritu del 12 de febrero, es decir, el mensaje de cierta apertura que hizo Carlos Arias en 1974, en España se comienza a hacer un tipo de cine más explícitamente erótico. Surgen así filmes como El chulo, La trastienda y un largo etcétera de productos que basaban su comercialidad en los centímetros de piel que exhibían. A partir de 1976, con la llegada de Suárez a la presidencia del gobierno, se comienza a hablar de destape, y en 1977, con las primeras Cortes democráticas, se hacen los primeros blandipornos españoles.

Este Jill es precisamente un soft core hispano, un producto cuya única intencionalidad es dar carne en generosas dosis de revolcones eróticos, todo ello simulado, dicho sea de paso. Cuenta la historia de una estrella del cine porno y su estancia en la Costa Brava, donde pronto nos enteraremos de sus problemas, sus pesares sin cuento, las sevicias a las que se ve sometida.

Dirige Enrique Guevara, también conocido por su pseudónimo Paul Benson, un chileno emigrado a España a mitad de los setenta, donde se dedicó primero a realizar este tipo de subproductos eróticos, para pasar después, sin cortarse un pelo, a hacer productos infantiles como Las aventuras de Zipi y Zape.

Al frente del reparto aparece la inevitable Raquel Evans, para más información hermana de Guevara. Junto a la bella aparecen otras chicas de la época, como Mireia Ros, una catalana de la que después nunca más se supo, y sobre todo Emma Cohen, muy superior a esta quincalla de celuloide.

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83'

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Jill - by , Sep 30, 2011
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Quincalla erótica