Película: Kick-Ass

Mientras el cine sea capaz de sorprender, aunque sea mínimamente, habrá esperanza de que pueda seguir siendo no sólo un medio de entretenimiento (que lo es) sino también una forma de arte. No estoy diciendo que este Kick-Ass sea una obra de arte, ni muchísimo menos, pero sí que sorprende en buena medida, incluso en los descreídos que pensamos que nada nos llamará la atención, tocante al cinema, a estas alturas de la vida.


Curiosamente, la película empieza como la típica cinta de adolescentes salidos (extrañamente, el protagonista y sus dos amigos carecen por completo de acné, a pesar de ser unos evidentes teens: milagros de la técnica…), como si al protagonista de American Pie le diera por convertirse en un casposo superhéroe de andar por casa (el Kick-Ass del título, que podría ser algo así como “Patea-Culos”…).


Pero pronto la cosa empieza a virar hacia otros territorios insospechados: nos damos cuenta entonces de que el tono de comedia jocosa apenas oculta una tenebrosa historia de corte tarantiniano, donde al protagonista le asestan una cuchillada en plena calle y lo atropellan con alevosía, sin cortarse un pelo, y donde la pareja coprotagonista que interpretan Nicolas Cage y su hija en la ficción, Chloë Grace Moretz, resulta ser un par de justicieros que, en especial ella, literalmente asusta.


Por que la tal hija de Cage tiene algo así como diez u once años y es la típica niñita adorable, de rizos dorados y vocecita cándida; pero la niñita de los cojones resulta tener una sangre fría y unos redaños como de matarife de la Mafia, y tira de gatillo y rebana pescuezos con una facilidad pasmosa. Quizá la escena más dura de todas, porque está alejada de la coreografía habitual de las secuencias de acción y de la adrenalina que ello conlleva, sea aquella en la que la niña con faldita de colegial, tras una refriega en la que elimina a varios bragados asesinos a sueldo, remata con un tiro de gracia, sin dudar un segundo, a uno de los sicarios heridos en el suelo.


Por supuesto, no se trata de hacer apología de la violencia: desde el primer Tarantino de Reservoir Dogs, sabemos que ésta forma parte de nuestra vida, y el cine desde principios de los años noventa ha ido digiriendo, fagocitando, haciendo suya esta nueva forma de transmitir la acción, en la que la vida de las personas no vale un pimiento. Pero esto es cine, y el cine refleja la vida, normalmente no se adelanta a ella: véanse los telediarios, y se comprobará hasta qué punto la violencia de la vida real es muy superior a la del cine; porque además, en la vida real hablamos de seres humanos de carne y hueso, no de personajes de ficción reflejados sobre una pantalla blanca, al fin y al cabo nada más que una ilusión óptica.


Así las cosas, el sesgo tarantiniano que toma Kick-Ass no hace que pierda sus otros afluentes: la comedia de adolescentes salidos asoma de vez en cuando la patita en la relación del protagonista con la chica de sus sueños, que acepta su acercamiento en la creencia de que es gay, asumiendo entonces un rol de “amiga con colita”, si sirve la expresión, quizá no del todo afortunada.


La parodia de los superhéroes tampoco pierde su papel de hilo conductor, aunque con frecuencia queda supeditada a ese venero tenebroso de la violencia absoluta. Aparte de todo ello, la realización de Matthew Vaughn (compadre de Guy Ritchie, el ex de Madonna: pero eso no se lo tendremos en cuenta…) es irreprochable: profesionalmente intachable, con excursos curiosos (las viñetas de cómic insertas como elementos de la propia historia que se narra) y una cierta capacidad creativa que hace presagiar que puede haber un cineasta a seguir en este inglés de por ahora corta filmografía, no especialmente distinguida.


El protagonista, Aaron Taylor-Johnson, cumple aceptablemente con su papel (lapidariamente definido por su personaje como “un capullo con pijama”), si bien los que están magníficos son los secundarios: el adolescente Christopher Mintz-Plasse, que borda su papel de hijo medio bobo (vale, bobo entero) del padre mafioso, con un acento ceceante (en la versión doblada al español) que le va como anillo al dedo: la niñita Chloë Grace Moretz, que da perfectamente su escabroso papel: porque no se está acostumbrado a ver a una cría ejerciendo de asesina de colmillo retorcido, ni tampoco a ver cómo la muelen a palos; y Mark Strong, uno de nuestros secundarios anglosajones favoritos, que aquí combina admirablemente cierto tono cómico con el de tipo sin alma, escrúpulos ni compasión.


 


Kick-Ass - by , Mar 12, 2017
2 / 5 stars
Un capullo con pijama