Película: La academia de las musas

José Luis Guerin es un cineasta catalán con una relativamente corta carrera. En treinta y un años ha realizado un total de diecisiete filmes, entre largometrajes de ficción, documentales y cortometrajes. Es un director difícil, casi siempre interesante, que se mueve en la periferia de la industria, cuando no extramuros. Su cine, por esa dificultad intrínseca, ha tenido en general una mala distribución y es poco conocido a nivel de masas, si bien es cierto que dentro de la cinefilia es una referencia. Por ello sus películas se esperan siempre dentro de estos círculos con expectación, porque no suele defraudar.

Tras una pausa de cuatro años (que en Guerin tampoco es excesiva; ha llegado a estar hasta siete años sin rodar), nos llega su nuevo filme, esta La academia de las musas que, como todo en él, no deja indiferente. Se plantea como "un experimento del profesor Raffaele Pinto, filmado por José Luis Guerin", y en su comienzo vemos lo que parece una clase de literatura, impartida por el mentado profesor, sobre el Dante, La Divina Comedia, las musas, la poesía, el adulterio, entre otras cuestiones igualmente líricas, pero también filosóficas. Las alumnas (porque los alumnos varones están pero como si no estuvieran: hablan menos que Harpo Marx…) intervienen profusamente, hablando sobre el sentido de la poesía, sobre pasión, deseo, infidelidad... Conforme va avanzando la historia, iremos viendo al profesor con algunas de estas alumnas; con una de ellas viaja a Cerdeña para tomar contacto con la naturaleza; con otra a Nápoles, su patria chica, para que la pupila pregunte a la Sibila sobre su futuro; paralelamente conocemos la vida doméstica del profesor, casado con una profesora de Filología; en esas escenas iremos apreciando cómo la convivencia entre ambos, de forma muy civilizada, se va deteriorando...

Si antes decíamos que el cine de Guerin es difícil, La academia de las musas es una muestra palmaria de ello: las continuas digresiones entre profesor y alumnas, en clase o fuera de ellas, en coches, en habitaciones de hoteles, en la campiña sarda... pero también las propias conversaciones de las alumnas entre sí, siempre a vueltas con temas relativos a la poesía: la pasión, el deseo, los estratos de la atracción, el papel de la musa y de la mujer, la forma poética... un nivel intelectual que adelanta en varios trancos (por usar el símil hípico) a la media del cine español.

Pero, como si todo no fueran musas, Guerin desciende subrepticiamente hacia la realidad, y en la pareja de profesores surgirá el más viejo de los problemas conyugales, la infidelidad, que el director resuelve en una escena prodigiosa, con el enfrentamiento “sotto voce” en un bar entre la esposa ultrajada (por usar una terminología tan en desuso) y la joven que se sabe deseable y deseada, en un juego dialéctico de altísimo nivel, de ardides, de taimadas añagazas para hacer morder el polvo a la otra.

Queda en el aire si estamos ante un "fake", ante un falseamiento de la realidad, si este supuesto documental no es sino, realmente, una ficción que pasa por ser un trozo de realidad. En cualquier caso, es cine de altísimo voltaje; nada más que por el nivel intelectual demostrado por los intervinientes ya merecería la pena: las lúcidas (aunque probablemente polémicas, como todo en arte) reflexiones sobre amor, poesía, deseo, ya justificarían la existencia de este filme.


Pero es que además formalmente, como es habitual, en Guerin, es también muy rupturista. Lejos de buscar la ortodoxa, académica limpieza del encuadre o del plano, el director catalán gusta aquí de filmar a sus personajes tras los cristales, con todos los reflejos que en los mismos se puedan dar: la pura calle, pintada sobre los rostros de los intérpretes o intervinientes en el experimento (táchese lo que no se quiera). Las cristaleras exteriores de las casas, sobre todo la del matrimonio de profesores, a través de las que vemos siempre a los dos, hablando como la pareja que lleva décadas conviviendo, y en la que las fisuras de esa convivencia han hecho una mella quizá (o quizá no) definitiva. Pero también, recurrentemente, los parabrisas de los vehículos, con los reflejos de los árboles, con las gotas de lluvia, esos coches como contenedores de pasiones que, por disimuladas que sean bajo los altos conceptos de poesía y lirismo, están ahí.

Cine raro, cine que no tiene ninguna posibilidad en taquilla, aunque es evidente que no busca eso. Busca indagar en el ser humano, en las relaciones mujer-hombre, en la forma en la que hemos sublimado el amor (ese supuesto invento de la literatura) a través de invenciones tan bellas, tan hondas como la poesía. Cine extraño, que no deja indiferente, que puede subyugar o irritar, pero no puede, no debe dejar frío. Es otro nivel. Es Garcilaso o el Dante; otros no pueden decir lo mismo...


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92'

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La academia de las musas - by , Jan 09, 2016
4 / 5 stars
“…temblando entero me besó en la boca…”