Película: La bruja

Nueva Inglaterra es una vasta región de Estados Unidos conformada actualmente por seis Estados: Massachussets, Maine, Connecticut, New Hampshire, Vermont y Rhode Island. Fue fundada por las primeras oleadas de colonos británicos en el primer cuarto del siglo XVII, conocidos por el nombre de puritanos por su extremado celo religioso. En la región acontecieron, hacia finales de ese siglo, los sucesos históricos que se conocen como los Juicios de Salem, en los que una sociedad histérica de fanatismo religioso encarceló y ejecutó a decenas de personas, acusadas de supuestas prácticas de hechicería. La literatura y el cine se han encargado de divulgar aquellos hechos, siendo quizá la obra teatral Las brujas de Salem, de Arthur Miller, el más famoso texto sobre esta terrible historia, y El crisol (1996), dirigida por Nicholas Hytner, la más popular de las versiones que el cine ha hecho del drama milleriano.

La bruja bebe muy libremente de esas aguas, situando su acción medio siglo antes, pocos años después de que los puritanos británicos, a bordo del Pilgrim, llegaran a América y fundaran Nueva Inglaterra. En ese contexto, una familia compuesta por los padres y cinco hijos, son expulsados de su comunidad por su extremado rigor en su espíritu religioso (esto es como el del chiste: lo expulsaron de las SS por sádico…). La familia cree empezar una nueva e idílica etapa al borde un bosque, pero cuando el bebé casi recién nacido de la familia desaparece misteriosamente, todo empieza a ir cuesta abajo…

Robert Eggers, el director, debuta en el largometraje con este filme, y ciertamente no aparenta tal novatez. Procede del campo del diseño de producción, que aquí efectivamente está muy cuidado, pero sin que ello suponga que tal faceta se coma a la película. Al contrario, Eggers utiliza el notable cuidado formal (decoración, vestuario, atrezzo, localizaciones, fotografía, efectos digitales) en beneficio de su historia, la de una familia que pareciera emular a Job; la alusión no es gratuita, pues en un momento dado la madre de la familia dice que es “la esposa de Job”. En efecto, a este clan le pasa de todo, en una serie de catastróficas desdichas (gracias, Daniel Handler) que comienza con la desaparición del más pequeño de la casa, lo que provocará progresivamente un auténtico caos de histeria, alucinaciones, falsas acusaciones, violencia, muerte. A su manera, La bruja reproduce en un microcosmos la historia que años más tarde se produciría a gran escala en Nueva Inglaterra en los mentados Juicios de Salem. Estamos entonces ante un filme de terror, sí, pero también ante una denuncia del fanatismo religioso como una de las causas de los males de nuestro tiempo. Decía Eduardo Haro Tecglen que la religión es una señora muy sabia con una prima chalada, la superstición. Pero si ambas se funden hasta no distinguirse una de otra, el monstruo resultante será abyecto, temible, inhumano.

Decíamos que Eggerts no parece un director novato: su historia pronto absorbe al espectador y lo va introduciendo en una espiral de miedo, desolación, pánico, histeria, con pocos mimbres, los que le da un guión bien construido y una resolución progresivamente insoportable de las distintas secuencias que van haciendo avanzar el filme hacia su inextricable final; final, por cierto, claramente inferior al resto de la peli: y es que es difícil acabar bien una historia como ésta…

Eggerts, que para eso procede del diseño de producción, juega, con la inestimable ayuda del joven director de fotografía, Jarin Blaschke, con una paleta de colores que en las primeras escenas recuerda la pintura de Vermeer, con sus rostros bellamente iluminados por una luz que parece natural (aunque no lo sea), para, poco a poco, tornarse más Rembrandt, con claroscuros, penumbras, llegando a un pavoroso tenebrismo que rememora las etapas más oscuras del genio de Leiden. La música telúrica, primordial de Mark Korven (autor del inquietante score de Cube), contribuye también poderosamente a la creación de la atmósfera de miedo atávico que atraviesa el filme. No en vano los bosques de Nueva Inglaterra en los que supuestamente se ambienta la película (en realidad las localizaciones se hicieron en Canadá, por motivos prosaicos: pagar menos impuestos)  son también los mismos en los que H.P. Lovecraft situaba sus terribles historias conocidas como los Mitos de Cthulhu, y donde Stephen King localiza algunas de sus más memorables novelas (estoy pensando en It, por ejemplo).

El reparto está compuesto por intérpretes poco conocidos, salvo quizá Ralph Ineson; todos ellos hacen razonablemente bien su trabajo. Nos quedamos, en todo caso, con una joven Anya Taylor-Joy, que ataviada con los formales, rigurosos ropajes puritanos de la época, parece enteramente salida de un cuadro de Vermeer (acaso La joven de la perla) o quizá de Holbein el Joven.


La película fue justamente premiada en varios festivales, desde el prestigioso e “indie” Sundance hasta el más tradicional London Film Festival.


 


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93'

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La bruja - by , May 21, 2016
3 / 5 stars
Job en Nueva Inglaterra