Película: La buena voz Tengo que advertir que conocí y traté a Antonio Cuadri cuando los dos frisábamos los veinte años (vamos, ayer, como quien dice…), y le tengo afecto desde entonces, aunque probablemente él no se acuerde de mí, porque no volvimos a vernos. Lo digo anticipando que la posible subjetividad que ello conllevaría con respecto a su cine es, en mi caso, justo lo contrario, porque tiendo a ser más rígido con aquéllos que conozco para huir de cualquier tipo de favoritismo (tonto que es uno…). Dicho sea este preámbulo, debo decir que creo que Antonio ha encontrado su tono con esta “La buena voz”, de hermoso, machadiano título, y curiosamente lo ha hecho muy lejos de su Andalucía natal, nada menos que en Bilbao.
La historia bucea en las procelosas aguas de la rutina diaria, del vivir cada día de un matrimonio maduro y cincuentón: él, taxista maqueto venido en su juventud al País Vasco; ella, de la guadalajareña Sigüenza; no han tenido hijos, pero la llegada de una vieja amiga de ambos les trae una noticia sorprendente: de una relación adúltera, casi treinta años atrás, entre el taxista y la amiga nació un hijo, teóricamente dentro del matrimonio de ella con su marido. Ahora, infectado el chico por el VIH, trasladado por trabajo a Bilbao, llega el momento de encontrarse con su padre, un hombre chapado a la antigua que no ha sabido tratar a su mujer y cuyo descubrimiento de que tiene un hijo seropositivo y gay romperá todos sus anquilosados esquemas.
Película pequeña en medios pero hermosa en mensaje y en la forma de transmitirlo, nos descubre un Cuadri dueño de resortes que no le conocíamos: esos planos de pasajeros anónimos en el asiento trasero del taxi, ese vehículo público transitando por lugares de Bilbao, tan conocidos como el Guggenheim, pero también tan perfectamente desconocidos como cualquier barriada obrera; ese bellísimo plano con grúa a ras de tierra que termina siendo cenital, tan alto en el cielo, en la secuencia que marca un antes y un después en la vida del taxista… Hermosos momentos que confirman que Antonio está mucho más dotado para el cine de emociones que para la comedia (género al que se adscribía su opera prima, “La gran vida”) o el drama “retro” (al que podría adjudicarse su segundo filme, “Eres mi héroe”).
Espléndido el trabajo, como es habitual, de José Luis Gómez, un actor de teatro que el cine ha desaprovechado constantemente; bien Pilar Velázquez, una de las bellas musas de la Transición, estragada ya por el paso del tiempo.

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90'

Año de producción

La buena voz - by , Jun 01, 2006
3 / 5 stars
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