Película: La caja Kovak Daniel Monzón se hizo (moderadamente) popular entre los cinéfilos durante los años noventa con sus críticas en la revista Fotogramas, por aquel entonces la biblia del cine en España, antes de que Internet la destronara. Entonces firmaba, además de con su nombre, con el seudónimo de El Sobrino (se entendía que de Mr. Belvedere, alias de Jaume Figueras), bajo cuya advocación era látigo de herejes y daba una leña horrorosa. Hombre, pues no sé yo que diría aquel El Sobrino, si pudiera hacer abstracción de su “alter ego” Monzón, si pudiera ver esta película con ojos imparciales: me parece que aquel cáustico pipiolo no sería precisamente piadoso con su propia obra.
Porque el atractivo de “La caja Kovak” empieza y acaba en los títulos de crédito, en los que se nos muestra, literalmente, lo que significa la caja del título, un laberinto ideado para adiestrar ratones bajo las premisas de premios y castigos. A partir de ahí, asistimos a una insustancial intriga, que se nos quiere hacer muy compleja, pero que realmente es muy sencilla, sobre todo si se notan (y vaya sí se notan…) las influencias, más vale decir los retales, que ha utilizado Monzón y su coguionista Jorge Guerricaechevarría: desde un tono pretendidamente hitchcockiano (sin la clase de sir Alfred, desde luego) a una música supuestamente herrmanniana (a la manera de Bernard Herrmann, el músico de cámara de Hitch), pasando por elementos argumentales que recuerdan poderosamente a “Seven” (ese dilema final al que se ve abocado el protagonista…) y a “El silencio de los corderos” (la pluscuamperfecta inteligencia del villano, sólo superada por su falta de entrañas). Más influencias todavía: el vídeo de “The ring. La señal”, que aquí aparece, aunque con los mismos mortíferos efectos, en forma de canción recibida a través de un móvil, que a su vez era el vehículo letal de “Última llamada”, otro clásico moderno del terror japonés… Y así “ad nauseam”; estamos, pues, ante un filme hecho de trozos de otras películas, muñidas por su director y guionista, y narrado con evidente dificultad por alguien, Monzón, al que se le supone bastante más idea de la que aquí muestra.
Un fiasco, pues, con un actor segundón yanqui como Timothy Hutton, aquí en plan estrella, y una actriz como Lucía Jiménez, cuyos evidentes dones físicos no están equilibrados con una similar aptitud artística, que se queda en simplemente mediocre.
Está muy bien, como se hace aquí, utilizar impactantes escenarios españoles, como las Cuevas del Drach o La Calobra, en Mallorca, que tienen muchas posibilidades. Lo que es una pena es desperdiciarlos en un filme que balbucea torpemente la historia que está contando, y cuyas costuras argumentales “cantan” demasiado; eso sí, como Monzón es “uno de los nuestros” (será “de los suyos”…), en cuanto a que ha formado parte de la crítica hasta hace poco, ya verán como la acogida que tendrá entre sus ex compañeros será más que benévola…

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112'

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La caja Kovak - by , Jan 16, 2007
1 / 5 stars
Batiburrillo de influencias