Película: La clase de esgrima

Las cinematografías de las repúblicas bálticas son unas grandes desconocidas en España. En Estonia, Letonia y Lituania se hace un cine que raramente vemos por aquí, aunque a veces, en los últimos años, tenemos ocasión de contemplar algunas muestras. Así, hemos visto cine estonio en Mandarinas (2013) y 1944 (2015), y lituano en Peace to us in our dreams (2015) y El verano de Sangaile (2015), filmes de interés diverso.

Aquí, con el apoyo de las más poderosas cinematografías finesa y, sobre todo, alemana, el cine estonio pone en escena una historia basada parcialmente en sucesos de la vida del tirador de esgrima Endel Nelis, un joven con un oscuro pasado al que la feroz Policía Secreta Soviética persigue, lo que hace que se refugie en su patria chica, Estonia, por aquel entonces una más de las repúblicas federadas bajo el férreo yugo de la URSS de Stalin. Como maestro en deportes, se encarga de dar clases de esgrima, en la que es un avezado profesional, aunque las autoridades soviéticas locales la consideran una disciplina feudal y, por tanto, antirrevolucionaria. Pero los niños de la escuela lo toman como cosa propia, y el maestrito se verá impelido a continuar con lo que puede ser su perdición…

La clase de esgrima es uno de esos filmes que caen irremediablemente bien. Su tema, la necesidad de hacer lo correcto a pesar de que ello le pueda costar tan caro a su protagonista, es también una metáfora de la libertad: hacer lo que uno quiere, para lo que uno se siente capacitado, con lo que uno es feliz. La historia no es muy original, y de hecho la hemos visto, con otros ropajes, en filmes de tan distinto jaez como Rocky o Karate Kid, en los que, contra toda esperanza, aquel que parece va a ser carne de cañón en una competición, sea la que sea, termina llevándose el gato al agua en un electrizante final.

Pero da igual; aparte de que los dos títulos citados (los originales, se entiende, no la recua interminable de secuelas y remakes que se han hecho ad nauseam) eran buenas películas, La clase de esgrima tiene entidad propia, personalidad, sensibilidad: la tiene en la relación del maestro con los niños, en principio reticentes ambos, luego cada vez más cohesionados, como el padre que muchos de ellos no tienen, como los hijos que él quizá nunca tendrá; la tiene en la leve, breve historia de amor, apenas apuntada con algunos planos, suficientes para calar en el espectador esa esencia amorosa que a otros les cuesta media película hacernos llegar; la tiene, por qué no, en la callada relación del tirador de esgrima con la disciplina que le llena, y a la que ha de renunciar si quiere sobrevivir. No destaques, le dice su amigo del alma cuando huye a un perdido pueblo de Estonia para escapar de la mano de hierro de la temible policía soviética. No destaques, como metáfora también de la postura vital que todo régimen dictatorial (y el comunista que dirigió la URSS durante setenta años lo fue en grado superlativo, por muchos ropajes de democracia proletaria con los que se vistiera) exige de sus súbditos, que lo son aunque el sátrapa de turno que dirija el país no tenga corona.

Película hermosa y serena, incluso magnánima con los ominosos funcionarios soviéticos, La clase de esgrima nos gana por su sencillez, por su austeridad, por su cine sin alharacas pero ahíto de sensibilidad.

Klaus Härö, el director, es finés y tiene tras de sí una cierta carrera ya como director, con filmes como Elina (2002), Adiós, mamá (2005) y Cartas al padre Jacob (2009). Buen trabajo, sutil y matizado, del protagonista, Märt Avandi, que ya estuvo en uno de los títulos fundamentales del cine estonio, Nombres en mármol (2002).


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94'

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La clase de esgrima - by , Jul 20, 2016
3 / 5 stars
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