Película: La correspondencia

Giuseppe Tornatore es un guionista y director que se asemeja a otros cineastas en su cualidad guadianesca; se parece entonces a gente como Robert Altman o Claude Chabrol, directores estimables que, sin embargo, tenían (ambos están ya en el otro mundo) la rara costumbre de alternar buenos y a veces muy buenos filmes con algunas castañas de marca mayor. Pues con Tornatore pasa algo así: fue capaz de regalarnos una de las más bellas declaraciones de amor al cine en Cinema Paradiso (1988), y algunos otros filmes de interés, como Están todos bien (1990) y, sobre todo, la reciente La mejor oferta (2013), pero entre los títulos notables nos ha ido endonando mediocridades como Pura formalidad (1994) o Baarìa (2009), entre otras tonterías. Se ve que tras el esfuerzo de talento de La mejor oferta el cineasta siciliano ha debido quedar exhausto, porque esta La correspondencia es una de las más fatuas, memas, pedantes y pedestres películas que hemos visto en los últimos tiempos.

Joven veinteañera, que combina ocupaciones tan “parejas” como estudiante de astrofísica y especialista cinematográfica (los “stunts” de toda la vida), mantiene una relación amorosa con un profesor que podría ser su abuelo. Ambos están muy enamorados, con independencia de que el viejo tiene mujer e hijos, a los que no quiere abandonar. Los amantes se relacionan, además de en la cama y esporádicamente en escapadas furtivas a la localidad de Borgoventoso, nombre imaginario de la isla de San Giulio, al norte de Italia, en la región del Piamonte, a través de Skype y de correspondencia epistolar que el profesor le hace llegar a la bella. Pero un día la joven se entera, de la forma más inesperada, de la muerte del amado. Sin embargo, le siguen llegando mensajes…

Historia desaforadamente romántica, con esta chica pillada de su amante por un juego de correspondencia necrofílica que alternativamente desea desesperadamente y odia compulsivamente, su problema es que no da con el tono adecuado. Así las cosas, no terminamos de creernos en ningún momento a los personajes, ni a la joven que a la vez es estudiante de primerísima fila de ciencia tan abstrusa como la Astrofísica y que, sin embargo, simultanea sus estudios con la realización de escenas de acción en películas; la cosa está malita, pero hasta ese punto… Además, para adensar más (o oscurecer más, que también puede ser) la historia, la chica tiene un tremebundo trauma de su adolescencia que la ha marcado, aunque resulta difícil de creer que el tal trauma, relacionado con un accidente de tráfico, sin embargo no le haga huir como de la peste de una profesión en la que, precisamente, una de sus faenas habituales es pegarse peñazos con coches…

Inverosimilitudes aparte (el guión es del propio Tornatore, así que habrá que atribuirle en exclusiva las deficiencias de la película), lo cierto es nunca llegamos a conectar con la historia y se nos da una higa las idas y venidas de la bella, sus neuras y depresiones por el profesor fiambre que le manda desde el otro mundo (gracias a una muy currada puesta en escena previa, y a las maravillas de la tecnología moderna) mensajitos como si estuviera todavía vivito y coleando.

Además, uno de los problemas del Tornatore director, que ya se le notaba incluso en sus mejores filmes (Cinema Paradiso y La mejor oferta), es cierta tendencia a alargar innecesariamente sus películas, a hacerlas con más metraje del necesario; ese defecto, que se le puede perdonar sin problemas cuando hace buen cine, como en los títulos mentados, cuando hace pestiños como éste se hace insufrible, y no vemos llegado el momento de que la bella acabe con sus sufrimientos (y con los nuestros…).

La ucraniana Olga Kurylenko hace denodados esfuerzos por componer adecuadamente su papel, pero me temo que todavía sigue siendo mejor modelo que actriz; Jeremy Irons, como siempre, está soberbio, aunque ciertamente su profesor es demasiado perfecto, un hombre ideal que, desde luego, no existe, ni existirá.


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116'

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La correspondencia - by , Jul 28, 2016
1 / 5 stars
Guadianini