Película: La entrega

El cine negro norteamericano sigue nutriéndose, afortunadamente, de nuevos valores llegados allende sus fronteras. En la época clásica las aportaciones de los europeos Fritz Lang, Otto Preminger, Robert Siodmak, Jacques Tourneur o Michael Curtiz, entre otros, fueron fundamentales para el género. Posteriormente ese venero no se cegó nunca, aunque es cierto que no llegó en ningún momento a la altura de la época dorada del film noir USA, la de las décadas de los años treinta, cuarenta y cincuenta.


El último fichaje del cine de Hollywood de un cineasta europeo con talento e interés en el thriller es probablemente este belga de habla flamenca, Michaël R. Roskam (sí, con diéresis en la “e” de Michaël…), cuya tarjeta de presentación en el cine norteamericano fue la interesante Bullhead, que jugaba la carta de plantear una historia criminal en un contexto, el campo, ciertamente poco habitual en el género. El filme estuvo nominado al Oscar a la Mejor Película en Lengua No Inglesa (vaya, el Oscar a Mejor Película Extranjera, para entendernos) y el tono y el tema interesaron en las productoras USA, tan atentas siempre (y ahora más, dada la carencia de historias estimulantes) a los nuevos creadores.


La entrega tiene la ventaja de partir de un relato original de Dennis Lehane, autor de varias historias llevadas con éxito a las pantallas, desde Mystic River, por Clint Eastwood, hasta Shutter Island, por Martin Scorsese. El propio Lehane se ha encargado del guión, y Roskam lo ha hecho suyo y ha conseguido lo que se debe hacer con cualquier libreto cinematográfico, potenciarlo, no simplemente ilustrarlo.


La historia se ambienta en el Brooklyn hodierno, en un modesto bar de los que allí se llaman “bar-caja”, porque periódicamente sirven como clandestino punto de recaudación de la mafia (ahora ya no italiana, sino chechena; ya se sabe que en cuestión de mafias el que se impone es el más cruel, el más brutal, el más sanguinario); en ese bareto está de encargado un treintañero tirando a simple, mientras que el teórico jefe, un sesentón que ha conocido mejores tiempos, y del que otrora fuera el bar, ahora es sólo su gestor, siendo sus dueños los mentados hampones chechenos. Cuando se produce un atraco, los propietarios empiezan a ponerse nerviosos…


El filme de Roskam está visto desde los ojos del encargado del bar, un hombre que parece tener dado un plomazo, como decimos en mi tierra, expresión que sirve para las personas que tienen un cierto retraso mental: un simple, diríamos aquí, aunque a lo mejor no es políticamente correcto, pero uno está ligeramente hasta la coronilla del lenguaje ídem. Sobre ese hombre pivota la historia, entre su rutinaria vida cotidiana que se agita con la llegada de un perro, al que salva de la muerte en la basura, y sobre todo de una mujer, lo que supone encontrar a alguien con quien tener una relación (blanca) más allá de los sujetos tabernarios que frecuentan su antro.


La irrupción de otro elemento, un sujeto que alardea de un oscuro suceso ocurrido diez años atrás, y que le confiere un incierto aura de peligro, supondrá otra novedad, en este caso riesgosa, en la plácida, casi monacal vida del dependiente; tampoco los manejos de su jefe, resentido por el arrinconamiento que le ha deparado el último tramo de su existencia, serán precisamente benéficos.


Con esos mimbres, Roskam hace cine, y de qué forma. Éste es uno de esos casos en los que la realización es superior al guión, sin ser este malo en absoluto. El cineasta belga confirma su buen pulso para la planificación, para intrigar sin mostrar, para narrar con un ritmo sostenido, constante, para ir emboscando al espectador hasta llevarlo con naturalidad, con fluidez, hacia donde él, y la historia de Lehane, quieren.


Es cierto que ha contado con un actor, Tom Hardy, que se está convirtiendo en uno de los referentes de su generación, la que está rondando los treinta y cinco “tacos”; ya nos interesó en Origen y El topo, y estuvo espléndido en el villano de El Caballero Oscuro: La leyenda renace, para componer un notable “tour de force” en Locke. Ahora, en esta La entrega, consigue un matizadísimo trabajo jugando tan solo con la mirada, un personaje estólido cuyos ojos dicen mucho más que sus palabras generalmente febles, aparentemente simplicísimas.


Tampoco ha sido mala compañía la del terceto de intérpretes que le secunda, desde una Noomi Rapace que fue la inolvidable Lisbeth Salander de la trilogía (sueca) de Millennium, hasta el gran James Gandolfini, un secundario al que el éxito de la serie Los Soprano le permitió disfrutar de fama y fortuna en los últimos años de su vida, y al que está dedicada “amorosamente” esta película. Por último, la presencia aparentemente pavorosa de Matthias Schoenarts, que protagonizó el anterior filme de Roskam, Bullhead, supone un puente entre el belga americanizado y sus raíces con el pequeño país europeo.


 


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106'

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La entrega - by , Oct 05, 2014
4 / 5 stars
No es tan simple