Película: La escopeta nacional Tras el paréntesis dramático que supuso su anterior obra, Tamaño natural, Berlanga volvió a rodar con producción totalmente española, una vez terminado el franquismo, y para celebrar tal efemérides escribió un guión con su inseparable Azcona sobre una etapa, la del final de los años sesenta, que supondría un relevo “familiar” dentro del propio régimen autárquico, visto todo ello con el habitual buen humor, con la esperpéntica comicidad de su cine.

A una cacería a la que se supone que va a acudir el Caudillo, acude un industrial valenciano, que sufraga los gastos del sarao con tal de conseguir la exclusiva para sus porteros electrónicos en todo el territorio nacional (como se ve, no hay nada nuevo bajo el sol…). Allí se encontrará una divertida aunque medradora fauna de ministrables, ministros, directores generales, toda una clase política que conspiró en el entorno de Franco con no muy nobles intenciones. Virgen todavía el caudal de la posguerra española (vista desde la perspectiva de los demócratas, se entiende; desde la otra orilla, la de los insurgentes, estaba ya más que sobada…), Berlanga consiguió un filme sumamente divertido, cáustico, que conectó vivamente con el español de la Transición, gozoso de ver en la gran pantalla los chistes sobre Franco que le habían contado en voz baja.

Pero La escopeta nacional no sería lo que es, un retablo histórico-paródico de primer orden, sin la interpretación de un formidable reparto de primerísima línea, desde la pareja de valencianos, infelices aprendices de pícaros, interpretados por Saza y Mónica Randall, hasta el personaje del marqués de Leguineche, que devolvió al cine a un lujo como Luis Escobar, o el cura integrista y pendenciero que hace Agustín González. La escopeta nacional es una lección de historia, alegórica y muy cachondamente contada.

La escopeta nacional - by , Aug 20, 2006
4 / 5 stars
Alegórica (y cachonda) lección de Historia