Película: La fosa común Ralph S. Singleton es más conocido como productor que como director. De hecho, intervino en la producción de El cementerio viviente. Tal circunstancia se aprecia palpablemente en esta La fosa común, porque, aunque hay casos de productores que han pasado a la realización con resultados estimables (recuérdese, sin ir más lejos, el caso de Stanley Kramer, en Estados Unidos, Claude Berri en Francia o Gonzalo Herrero en España), no suele ser lo habitual: Singleton confirma la regla antes que la excepción, porque su película es de una vaciedad, una inanidad y una torpeza difícilmente igualables, a pesar de haber contado con algún peso pesado como Albert Whitlock, que figura como asesor en los efectos visuales, aunque ciertamente no se aprecia la mano del prestigioso mago de los F/X. La fosa común parte de un relato breve, de apenas veinte páginas, del libro El umbral de la noche, el mayor filón cinematográfico de Stephen King, pues diez de los veinte cuentos que lo componen han sido llevados al cine. Pero si en otras ocasiones King ha tenido más suerte en las adaptaciones de su primer (y mejor) libro de relatos, en este caso pinchó en hueso al confiar su material en las manos de un cineasta torpe que mira antes por el dinero que va a dar supuestamente en taquilla que por hacer una película mínimamente coherente y digna. La adaptación de John Esposito se toma muchas libertades, entre otras cosas porque las veinte páginas del relato no daban para mucho. Aun así, el filme a duras penas sobrepasa los ochenta minutos, y ciertamente le sobran bastantes de ellos. Entre las libertades que se permite el guionista la más llamativa es la de cambiar de sexo a uno de los trabajadores, Harry Wisconsky, un gordo seboso, convirtiéndolo en la encantadora (y considerablemente delgada, paradójicamente) Jane Wisconsky, más que nada para que se empareje con el protagonista, aunque ni siquiera se dan un beso, así que habrá que buscar la justificación más en el acoso del capataz Warwick a esta trabajadora, otra de las felonías del individuo que justificará que al final el monstruo se lo meriende y el espectador lo dé por bien merecido. Al protagonista también le crean un poco de pasado con un barniz (muy superficial, ciertamente) de misterio, más que nada para que parezca más un personaje de carne y hueso que un monigote. Pero la película carece de ritmo y, sobre todo, carece de tema. No hay nada tras esta fachada en la que lo único que parece interesar al director es asquear al espectador con continuas apariciones de ratas y lugares infectos: sótanos pútridos, cementerios corruptos, osarios y madrigueras de bichos repugnantes. Habría que preguntarse entonces si Singleton y su guionista Esposito se plantearon dar miedo o asco al público, porque vista la película nos inclinamos a pensar que confundieron el dignísimo género del terror, que ha de sentirse en la mente, por uno bastante más innoble que se siente mayormente en el estómago, sobre todo cuando produce arcadas. No es que sea terror de casquería o “gore”, que puede tener su sentido: es, simple y llanamente, una asquerosidad, rodada por un cineasta que no tiene la menor idea de su oficio, peor montada y fiando todo en producir náusea en el espectador. La aparición de Brad Dourif en plan mascota, en un personaje creado "ad hoc" para la película, sólo intenta cubrir con un nombre algo conocido el general desconocimiento del resto de los intérpretes, que se mueven al mismo nivel que el resto de la película: bajo mínimos. El relato de King habría dado para un corto, si se hubiera hecho con otro planteamiento, o para un largo, si se hubiera reestructurado convenientemente y se hubiera hecho con medios y con ideas claras. Nada de ello se hizo y el resultado es lamentable, una de las peores películas basadas en material kingiano.

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83'

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La fosa común - by , Feb 27, 2009
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¿Terror, o simplemente asco?