Película: La furia de Mackenzie Hay películas cuya caspa es involuntaria, fruto de la escasez de medios (cfr. las obras completas de Ed Wood, desastroso director que, sin embargo, inspiró una de las más hermosas películas de Tim Burton); hay otras en las que la caspa se fabrica adrede (véase el díptico formado por Death proof, de Tarantino, y Planet terror, de Rodríguez, con su diseño Kaka De Luxe); y hay otras en las que se hace de la necesidad virtud y, a falta de medios, se apuesta descaradamente por el desparpajo, la desvergüenza y el disparate. En esa línea habría que recordar clásicos como El vengador tóxico, en los USA, o en España, en una línea aún más cutre, algunas películas del malagueño Pedro Temboury, como el corto Psycho-lettes o el largometraje de revelador título, Ellos robaron la picha de Hitler.

A esta última línea parece adherirse esta inenarrable La furia de Mackenzie, donde no se sabe qué llama más la atención, si el hecho de que haya habido incautos que hayan aportado dinero (poco, es verdad, porque con el presupuesto que han manejado seguramente no se llena ni un canasto en una tienda de chinos…) para producirla, si el que los guionistas y directores hayan creído en algún momento que alguien pagaría por ver esta sarta de majaderías, o si una productora seria como La Zanfoña, con títulos en su haber como Astronautas o 7 vírgenes, se haya embarcado en esta delirante aventura. Pero, ¿qué quieren que les diga? Un empeño como éste, suicida a fuer de marciano (nunca mejor dicho…), cae irremediablemente simpático, y sus monstruos de pacotilla (alguno parece el monstruo de las galletas de Ábrete, Sésamo), sus casposos homenajes cinéfilos (ese monstruito de plasticón emergiendo del tórax de un fiambre, a la manera de Alien), sus personajes que parecen sacados de una película de Russ Meyer (aunque aquí las chicas distan mucho de tener la “pechonalidad” de las féminas de Vixens o Supervixens), o sus localizaciones catetas (Carmona por Texas, ahí es nada), te hacen, en ocasiones, reír hasta las lágrimas.

Serie Z, porque no hay más letras en el abecedario, La furia de Mackenzie, al menos, aporta la enseñanza de que para hacer cine (aunque sea “este cine”), basta con echarle cara al asunto, alumbrar alguna historia que remotamente sea inteligible y poco más. Es cierto que hay algunas producciones norteamericanas que, aparte de mejor fundamentadas en cuanto a efectos especiales, son tan espesas y casposas como ésta por lo demás cachonda producción sevillana, que se ha publicitado con rasgos de humor del calibre de “la única película no premiada en el Festival de Estepona”… Dicen que Gervasio Iglesias, el “boss” de La Zanfoña, tras ver un corto de la tríada de directores, Campano, Caña y Reinoso, dijo algo así como: ¿podéis volver a grabar esto que hacéis, pero que se vea y se oiga?… Hombre, verse se ve (regular), y oírse también (con algún esfuerzo), pero lo que es reírse se ríe uno con ganas… Atención a Paco L. Campano, codirector, coguionista, autor de los efectos especiales y de otras cuantas tareas en este filme de vocación amateur: como actor (porque también actúa: aquí todo el mundo hace de todo…) tiene una gracia desarmante, un humor carajote, una comicidad de mamarracho que es, seguramente, de lo mejor del filme…

Género

Nacionalidad

Duración

85'

Año de producción

La furia de Mackenzie - by , Jul 09, 2009
1 / 5 stars
La caspa es el mensaje