Película: La gran belleza Hubo un tiempo, allá por los años cincuenta, sesenta e incluso setenta, en el que la presencia del cine italiano era normal en las pantallas españolas. A partir de entonces, con la muerte de los grandes maestros (Rossellini, Pasolini, De Sica, Fellini, Visconti), el cine itálico fue desapareciendo de nuestras carteleras, a la vez que la omnipotente distribución norteamericana iba tomando posiciones para lograr el dominio absoluto que hogaño mantiene en España sobre el cine en salas comerciales. Desde entonces, sólo llegan títulos de cineastas ya consagrados, de alguna forma “de culto”, como Nanni Moretti, o algunos filmes aislados de Gianni Amelio o Giuseppe Tornatore.

Entre estos parece se está incluyendo también el nombre de Paolo Sorrentino, quien, tras el éxito internacional de su biografía no autorizada de Giulio Andreotti en la estupenda Il divo, realizó una incursión en el cine USA con Un lugar para quedarse, con Sean Penn maquillado como una puerta, y ahora nos llega La gran belleza, donde de nuevo el cineasta napolitano brilla a gran altura.

Se ha dicho, no sin razón, que la nueva película de Sorrentino sería la que hubiera podido hacer Fellini si siguiera vivo y hubiera querido actualizar, refrescar, rehacer su La dolce vita (1960) con todo lo que se ha vivido en los últimos cincuenta años. Y, aunque puede sonar a blasfemia cinéfila, creo que es una afirmación que no está desencaminada. Sorrentino quizá carezca del genio creativo sin parangón del cineasta de Rimini, pero es un director potente, quizá el más potente del cine italiano actual, y su cine tiene una rara capacidad para seducir. Construye personajes inolvidables, como ese Andreotti al que puso cara, y chepa, el gran Toni Servillo; tiene unas aptitudes innatas para los diálogos brillantes, para las réplicas afiladas como cuchillos, para la comedia que mueve a la sonrisa, incluso a la risa franca, siempre desde premisas de corte intelectual, jamás descendiendo a estimular los bajos instintos del ser humano.

Jep Gambardella, el periodista más chic de la noche romana, cumple sesenta y cinco años; en esa efeméride, festejada por todos los noctívagos que son algo o alguien en la Ciudad Eterna, el viejo journalist, el exquisito cultivador de la palabra, aquél que tiene siempre un comentario mordaz, un dardo verbal que desestabiliza al contrario, recibe una noticia que le hace parar: aquella que una vez fue su primer amor, tantos años atrás, ha muerto, y ese hito le hará reflexionar sobre la vida que ha llevado, sobre sus amores, las mujeres que ha amado, las fiestas a las que ha concurrido; también sobre la vida y la muerte, pero fundamentalmente sobre la belleza.

Filme con un ritmo descomunal, La gran belleza se constituye enseguida en una de las obras mayores de 2013, una película que combina admirablemente comedia, drama, incluso tragedia, todo ello con facilidad, como sin despeinarse. Nada chirría, nada está fuera de su sitio; por poner algún pero, cabría argüir que, hacia la mitad del metraje, cierta ralentización del ritmo impide que se alcance la perfección absoluta, aunque es un pecado venial. El conjunto es demoledor, la mirada hacia el mundo de quien lo ha sido todo, lo ha sabido todo, lo ha gozado todo, lo ha ganado todo; todo, menos el amor real, verdadero, ése que se siente una única vez en la vida. Desde entonces sólo habrá tenido escuálidos, inconstantes fogonazos de belleza…

Chapó para Toni Servillo, constituido ya en el actor italiano por excelencia de lo que va del siglo XXI, un intérprete de rara capacidad camaleónica, con la facultad de hacer reír de Totó, la elegancia de Vittorio de Sica, la brillantez de Vittorio Gassman, el gracejo de Alberto Sordi.

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142'

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La gran belleza - by , Dec 05, 2013
4 / 5 stars
Otra dolce vita