Película: La hora del cambio

Tenemos escrito que la hora de Italia en el cine ha pasado: muertos o incapacitados todos sus maestros y profesionales de prestigio, quedan unos cuantos viejos (Bellocchio, Amelio, Moretti) y algunos más jóvenes (Sorrentino, Stefano Sollima) que de vez en cuando hacen alguna cosa interesante, pero el tiempo del gran cine italiano se terminó hace décadas. No será un filme como esta La hora del cambio el que nos haga variar de opinión.

Un pueblecito al sur de Italia, en Sicilia, celebra elecciones municipales. Allí gobierna desde hace años un corrupto político al que se enfrenta un honesto profesor. Contra toda esperanza, el opositor gana, y entonces comienza a ejecutar su política encaminada a restablecer el imperio de la ley, acabando con el favoritismo, el absentismo y todas las irregularidades que el anterior edil consentía y fomentaba para mantenerse en el poder…

Lo peor de La hora del cambio no es su humor elemental, cimentado en la pertinaz picaresca italiana (los españoles pasamos por inventar a los pícaros, pero me temo que nuestros primos italianos nos ganaron por la mano…), en la desidia funcionarial del país y en un estado de cosas que se considera normal (clientelismo, enchufismo, cuñadismo, que es la fórmula más reciente y cutre del nepotismo), sino, sobre todo, su moraleja final: en un momento dado, la hija del nuevo alcalde le espeta a su padre, “nunca cambiará nada, ¿verdad?”, y a lo que se ve, esa es la conclusión a la que llega el filme. En ese sentido, es una película taimadamente conservadora: parece decir, no busques exigir honestidad en una civilización, la mediterránea, que no acepta tal cosa, sino, como siempre, medrar a la sombra del poder, vivir del cuento, echar unas risas y doblarla poco. ¿Esta moraleja es cierta? Quiero creer que no; no es posible que el monopolio de la honradez la tengan los germanos, o los anglosajones. No es posible que la decencia exista en función al paralelo en el que se haya nacido y se viva. Claro que a lo mejor soy un iluso, como el nuevo alcalde del pueblo siciliano…

Salvatore Ficarra y Valentino Picone forman un dúo que firman sus películas como Ficarra y Picone. Llevan juntos como dúo cómico desde 1993, haciendo sus pinitos en un famoso programa televisivo itálico titulado Zelig, como el filme woodyano. Desde 2000 actúan juntos también en cine, y desde 2007 iniciaron una carrera como directores que desde el punto de vista comercial no se puede decir que les esté yendo mal: esta La hora del cambio ha recaudado en su país más de 10 millones de euros; otra cosa es la calidad de sus empeños. Como directores son cutres, pedestres, impersonales. Como guionistas lo fían todo en el humor fácil de la pareja de cómicos, aquí uno más desvergonzado y el otro con un prurito de legalidad que terminará perdiendo (pero no la idiotez, que esa se la queda…). Como directores italianos que actúan en comandita recuerdan a aquellos Castellano y Pippolo que realizaron un puñado de (malas) películas durante la segunda mitad del siglo XX; por supuesto, nada que ver con otros dos cineastas italianos que trabajan siempre juntos, Paolo y Vittorio Taviani, muy superiores a estos dos botarates.

Mala cosa que el cine comercial de usar y tirar como este inserte en el colectivo ciudadano que no es posible dejar atrás las lacras de una civilización que (aunque aquí, evidentemente, toma formas caricaturescas, cuando no esperpénticas) hace del engaño su norma y del cumplimiento del deber con la comunidad la excepción. Mala cosa porque este tipo de cine llega a mucha gente, incluso a mucha gente no demasiado formada, que puede creer que, efectivamente, hay futuro más allá del constante torpedeo del estado de derecho, de la constante concusión, de la desidia como regla, del inclemente, suicida olvido medioambiental.

Ficarra y Picone se demuestran como actores tan superficiales como directores y guionistas; parece que Ficarra es el más “gracioso” (las comillas no son inocentes, claro…), tomando el papel quizá del augusto, el payaso jacarandoso de este par de memos que se creen divertidos. Picone será entonces el clown, el payaso serio (por decir algo), para la ocasión honesto, hasta que deja de serlo. Como dúo cómico parecen querer remedar a Franco Franchi y Ciccio Ingrassia, que es lo más parecido que han tenido en Italia a Laurel y Hardy o Abbot y Costello, pero, por supuesto, sin alcanzar en ningún momento la gracia “nonsense” de esas parejas artísticas.

En cuanto a su faceta de directores, no mentaremos, para no faltarles al respeto, a los grandes maestros italianos, de Visconti a Fellini, pasando por Pasolini, De Sica, Bertolucci o Rossellini; estos dos no llegan ni a la suela de los zapatos a modestos comediógrafos como Comencini, Lattuada o Monicelli, que a su lado son gigantes. Lástima de cine itálico, donde dos patanes pueden llegar a creerse que son dioses…


Género

Nacionalidad

Duración

88'

Año de producción

Trailer

La hora del cambio - by , Aug 22, 2017
1 / 5 stars
Nunca cambiará nada, ¿verdad?