Película: La huella Ciertamente la empresa de versionar “La huella”, de Mankiewicz, era tarea para un titán, y Branagh no lo es, o al menos actualmente dista mucho de serlo, aunque ha tenido momentos en su carrera (singularmente en los años noventa) en los que su capacidad creativa parecía superior a la actual. Pero en los últimos años, tras la semifallida adaptación de “La flauta mágica” (ver crítica en CRITICALIA) mozartiana, la idea de llevar de nuevo a la pantalla el clásico de Mankiewicz podría considerarse disparatada, si bien no somos de la opinión de que el Cine con Mayúsculas sea intocable. A este respecto, te emplazo, querido lector, a un futuro Artículo de Fondo sobre el tema.
Sin embargo, el “aggionarmiento” de Branagh se puede considerar excesivo: el duelo entre el novelista de intriga entrado en años y el apolíneo amante de su mujer, que en la película original era una pura delicia, aquí con frecuencia se vuelve tortuosa y muy lejana de la sensación de placer intelectual que deparaba la obra primigenia. Se ha buscado (como era, me temo, casi inevitable) rizar el rizo, y la relación de odio absoluto de la película de Mankiewicz se transforma aquí en una ambigua relación que alcanza su desasosegante punto álgido en el último tramo del filme, que obviamente no destriparemos. Pero, aunque los tiempos han cambiado mucho desde que el gran Joseph Leo hiciera una de sus obras maestras con esta adaptación teatral de Anthony Shaffer, parece que llegar al extremo que aquí se sugiere es excesivo.
La modernización escenográfica también resulta un tanto irritante, y la profusión de colores metalizados, con predominio absoluto de los blancos y los azules claros, llega a saturar al espectador. Es de suponer que lo que se ha buscado es diferenciarse a toda costa de los decorados cuasi victorianos del original, pero innovar no consiste en hacer todo lo contrario de lo anterior, ni en epatar con toda suerte de chirimbolos electrónicos que, por cierto, tan mal casan con el tono de escritor clásico de uno de los dos protagonistas.
Por supuesto, Michael Caine está espléndido, y el juego de hacer ahora el papel que fue su antagonista hace 35 años en la original “La huella” tiene su gracia. También es verdad que Jude Law se esfuerza especialmente, aunque no parece estar bien dirigido (lo que, dicho de Branagh, es casi un sacrilegio): chillón, permanentemente fuera de sitio … hemos visto filmes de Law en los que su participación ha sido mucho más acertada.
Branagh parece intentar olvidarse de Mankiewicz para dirigir esta nueva versión, pero en ese camino ha perdido también toda referencia artística, y su visión es impersonal, tirando a vacía. Así las cosas, el filme vale lo que la inmisericorde pugna de inteligencias entre un viejo intelectual arrogante, cornudo y resentido, y un buscavidas aerodinámico con ganas de comerse el mundo. En fin, nada que ver con su antecesor…

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86'

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La huella - by , Oct 18, 2007
2 / 5 stars
Pugna de inteligencias