Película: La invención de Hugo Definitivamente, el Martin Scorsese del siglo XXI no tiene nada que ver con el del siglo XX. Bueno, mantiene el gran estilo, la calidad de la imagen, la capacidad de narrar… Todo lo que de gran profesional siempre ha tenido. Pero lo que es la facultad de contarnos historias que nos lleguen muy hondo, eso me temo que lo ha perdido como yo perdí a mi bisabuelo.

La invención de Hugo es un pastelito que nadie diría pudo ser imaginado alguna ver por el autor de Taxi Driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros o Casino. Hay tanta distancia como de Bergman a Mariano Ozores, por poner dos puntos equidistantes abismales, sin por ello querer decir que este nuevo filme scorsesiano sea de la misma estirpe de Los bingueros: todavía hay clases. Es sólo una forma de plasmar tan gráficamente una distancia sideral. Uno ve el nuevo filme de Scorsese y piensa que está rodado por Steven Spielberg, en una de sus ñoñas fabulaciones plagadas de buenos sentimientos, dirigida por el autor de El color púrpura tras haberse chutado, como en un trance lisérgico, La noche americana, de Truffaut. Pero no, resulta que quien está detrás de esta blandenguería es el duro cronista de la Little Italy, el reinventor del cine negro de los años setenta y ochenta, el cineasta que hizo de Joe Pesci una mala bestia en pantalla, y de Robert de Niro el rostro de la ambigüedad, ni bueno ni malo sino todo lo contrario.

El nuevo filme scorsesiano es, ciertamente, una declaración de amor al cine; pero es tan pastelosa que parece uno de esos supuestos poemas hechos a base de ripios espantosos sin auténtico aliento lírico. Los personajes carecen de entidad alguna, son de cartón piedra, y eso son palabras mayores cuando de por medio está el exquisito Ben Kingsley, que demasiado hace con intentar hacer creer que es el gran George Méliès. La historia se arrastra hipnotizada por el extraordinario diseño de producción, un París idealizado, allá por los años treinta del siglo XX, cuando el viejo cineasta vivía retirado del cine, regentando un pequeño establecimiento juguetero en la estación de Montparnasse. A partir de ahí, y de un pequeño huérfano que da en restaurar un autómata creado por Méliès y hurtado por su padre del museo en el que fue abandonado, la historia avanza a duras penas con las cuitas de este muchacho, su descubrimiento del pionero del cine y la búsqueda del restablecimiento de su fama o, al menos, de su dignidad como uno de los grandes iniciadores del cinematógrafo.

Pero todo está dado de forma tan pamplinosa, tan pánfila, que pronto la historia de Méliès, del puñetero huérfano y del hierático autómata se nos da una higa, dado todo ello con una premiosidad exasperante, con más de dos horas que podrían haberse recortado, como mucho, a hora y media, y aún le habría sobrado metraje.

Hasta los malos, como ese gendarme de guardarropía que compone Sacha Baron Cohen (sí, exacto, el jeta de Borat y de Brüno), son de opereta, carecen de auténtico lado oscuro, en un cineasta que, si se ha caracterizado por algo, es por poner en pantalla esa parte innoble del ser humano, esa faceta villana del hombre que (reconozcámoslo ya) constituye una de las grandes bazas del cine y de cualquier otro arte narrativo.

Por supuesto que todo en La invención de Hugo es first class: los efectos especiales, el diseño del autómata, la recreación del plató de Méliès, la reconstrucción infográfica de la estación de Montparnasse y de París mismo… Pero, ¿saben una cosa? Lo mejor de la película, al margen de todas estas virguerías del siglo XXI, resulta ser, a la postre, las imágenes auténticas rodadas por George Méliès al principio del siglo XX, con sus escasísimos medios técnicos: ves los ingenuos planos de su Viaje a la Luna, y te das cuenta cómo, en esto del cine, en ocasiones hemos retrocedido en lugar de avanzar. Y es que la limpidez, la serenidad, la sencillez de los planos meliesianos son desarmantes; por el contrario, la ampulosidad, la memez, la ramplonería de toda la historia de Scorsese resultan bostezantes. Así que, ¿quién es más avanzado? ¿Quién es, al menos en esta película, el maestro, y quién el alumno botarate?

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126'

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La invención de Hugo - by , Feb 26, 2012
1 / 5 stars
La inesperada blandenguería de Scorsese