Película: La isla de hierro La ironía de los críticos más corrosivos dice que no hay festival actual que se precie que no presente impepinablemente en su programación al menos un filme iraní. Con independencia de la maldad de los colegas, lo cierto es que el cine de esta nacionalidad, como casi siempre ocurre en aquellos países donde la libertad está sojuzgada (y no creo que haya muchas dudas al respecto, por más que haya elecciones supuestamente libres: no hay democracia medianamente decente si hay un poder superior, en este caso el de los ayatolás, que prevalece sobre el mandato emanado de las urnas), tiene una pujanza realmente envidiable. No sólo es el caso de Kiarostami, que es el punto sobre el que gira todo el cine persa: hay otros muchos cineastas (incluso alguna mujer, en un país regido por un teocentrismo que las excluye) que van dando forma a un cinematografía versátil, con temática diversa, aunque en buena parte gire en torno a cómo actuar frente a las penalidades de la vida diaria de un país que no es precisamente de los del G-8…
“La isla de hierro” tiene una peculiaridad: como el propio director, Mohammad Rasoulof, ha confesado, es una parábola sobre el poder omnímodo, pero hecha con tintes más o menos realistas: en el sur de Irán, en medio del mar, un numeroso grupo de personas han encontrado refugio y sustento en un viejo petrolero varado, a costa del que sobreviven vendiendo sus cuadernas como chatarra y el petróleo arrancado de sus entrañas; esta precaria sociedad está gobernada por un capitán, de nombre Nemat (la vinculación nominal con el célebre y verniano capitán Nemo parece evidente), que ejerce el poder de forma paternalista y a veces caprichosa, entregándose la gente al antojo de este hombre que es alfa y omega en el barco, dios y demonio a un tiempo.
Narrada de esa irresistible manera cuasi naïf tan habitual en el cine persa, con actores en buena medida no profesionales, el filme transmite una sensación de irrealidad verdaderamente extraña, aunque no sea ése el sentido ni la intención de su director: ese buque, inmenso y oxidado, parado en medio de la nada; esa sociedad embrutecida por el dominio aparentemente amable del tirano y de los dictados de su religión; esas mujeres embutidas en sus vestimentas que las tapan hasta el suelo y que aquí, ¡oh, novedad para los occidentales!, además del “hiyab” o velo que cubre el pelo (habitual en todas las lecturas ultramontanas del Corán), portan una especie de antifaz que recuerda las máscaras carnavalescas de Venecia…
Extraña, hermosa historia de secuencias impagables de puro imposible de ver en estos nuestros tan arrogantes lares occidentales, como la larguísima secuencia del castigo acuático al adolescente enamorado, rodada con tanto verismo que mucho nos tememos que peligró la propia vida del actor que lo interpreta. Muestra de que el cine, a pesar de que Hollywood y sus “blockbusters” parecen empeñados en desmentirlo, goza de buena salud y hay todavía muchas historias, y muchas formas de contarlas, en las mentes calenturientas de los nuevos realizadores.

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90'

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La isla de hierro - by , Aug 02, 2006
3 / 5 stars
Parábola naïf