Película: La jungla interior Esta película se pudo ver en la Sección Las Nuevas Olas del X Sevilla Festival de Cine Europeo (SEFF’2013).

En general detesto los prejuicios, pero con la productora Eddie Saeta me temo que no puedo evitarlo; cuando veo su logo, con sus corazones atravesados por una flecha, como si la hubiera lanzado el mismísimo Cupido, me entran las siete cosas: ¿será otra nueva patochada incomestible como Finisterrae? ¿Será, quizá, otra supuesta maravilla premiada incomprensiblemente con la Palma de Oro en Cannes, como Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas? Su factótum, Luis Miñarro, fue crítico de cine en la famosa revista Dirigido por (después pasó a llamarse sólo Dirigido: serían los recortes de entonces…), allá por los años setenta y ochenta, pero si el cine que le gusta es del tenor de los títulos que hemos citado, nos hemos quitado un crítico pelma de encima…

Nos temíamos, entonces, lo peor con esta La jungla interior, de petulante título, y en parte nos lo temíamos con razón. Porque lo cierto es que estamos ante una de esas ideas que expuestas al calor de un buen fuego y con un cafelito calentando las manos puede ser resultona. Otra cosa será qué es lo que sea cuando se lleve a una pantalla.

La historia comienza con una voz en off (en alemán, o quizá alguna lengua escandinava), que nos cuenta el mito de una legendaria orquídea que existía en una isla del Pacífico, una flor que sólo podía ser polinizada por un determinado tipo de mosquito; ambos, flor e insecto, según esa voz en off, se daban por extinguidos, pero National Geographic enviaba una expedición, con Juan Barrero a la cabeza, a la búsqueda de esos supervivientes de otras épocas prehistóricas, al existir datos de que aún podía quedar algún ejemplar de cada uno de ellos. La propia voz en off nos advierte que Juan, al volver a los cinco meses de ese empeño, se le daba una higa su resultado: su mente estaba concentrada en la noticia, llegada unos meses atrás, de que su novia, Gala, estaba embarazada.

A partir de ahí se inicia la historia, que se nos narra en dos tiempos, el previo al viaje, con la pareja haciendo un escrutinio de las cosas de una vieja tía de él, que había fallecido, donde el chico, antes las insinuaciones de ella, le dejaba claro que no quería tener descendencia, y el posterior al regreso de Juan del Pacífico, con todo el proceso de la gravidez de Gala hasta llegar al parto, que se nos da con todo lujo de detalles.

A ratos parecería que estamos asistiendo a una nueva versión, en clave progre, de aquel Helga, el milagro de la vida, el documental de corte científico de Erich F. Bender que, cuando se estrenó en España, supuso un tremendo éxito de taquilla: y todo porque se veía nacer a un niño (y los momentos previos, se entiende, en un país sexualmente reprimido hasta la exageración…). Pues algo así tenemos aquí, con Gala que se queda en bolas por menos de un pitillo y nos ofrece toda la geografía de su epidermis grávida, barriga estriada incluida.

Producto un tanto narcisista, que habla, o intenta hacerlo, sobre la fertilidad (esa escena que colinda con el hardcore, con eyaculación incluida, una metáfora de lo más pedestre…), sobre la maternidad, sobre los cambios hormonales, sobre el sentido maternal, sobre la asunción de responsabilidades… demasiadas cosas que, me temo, no caben en la balbuciente cámara en plan Handycam de Juan Barrero, aquí director, director de fotografía, montador y actor (y eyaculador, me temo…).

Me quedo con la intención, y con la hipnótica voz en off de Ole Faurschou. Por supuesto, la orquídea y el mosquito en supuesta extinción son Gala y Juan; sí, ya lo sé, muy sutiles no han sido…

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70'

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La jungla interior - by , Nov 15, 2013
1 / 5 stars
La orquídea y el mosquito