Película: La maldición de la flor dorada

Decididamente, parece que Zhang Yimou, el más internacional de los cineastas chinos, y uno de los nombres fundamentales del cine moderno, le ha tomado el gusto a las grandes historias de época de su país, en una reconstrucción que, por supuesto, tiene más de leyenda que de realidad. Pero ya se sabe que el cine no tiene por qué atenerse a la Historia, con mayúsculas, sino que, como cualquier Arte, tiene capacidad para reinventarlo todo. Zhang hace con ésta su tercera película combinando historia y artes marciales, tras Hero y La casa de las dagas voladoras, en la estela que inauguraría años antes la seminal Tigre y dragón, del taiwanés Ang Lee.


Es cierto que, en cada nueva película en esta línea, Zhang consigue perfeccionar los errores anteriores. Aquí, por ejemplo, no cae en la extenuación que provocaba la última secuencia de La casa de las dagas…, que ponía en evidencia la inverosimilitud de un relato que, “per se”, era ya lo suficientemente increíble como para que se le añadieran secuencias que rayaban en la imposibilidad física e incluso metafísica. En este caso, aunque las últimas escenas, con las tremendas batallas entre seguidores del Emperador y la Emperatriz, son ciertamente imposibles, estamos ya acostumbrados a ellas tras las innúmeras que se pudieron ver en la saga de El Señor de los Anillos, así que no chocan demasiado.


Lo curioso es que, como se ha citado, no sin razón, La maldición de la flor dorada tiene mucho que agradecer a Shakespeare, porque, sin ser adaptación de ninguno de los textos del poeta y dramaturgo inglés, lo cierto es que hay en la película un hálito shakespeareano: un poco de Hamlet, un bastante de Macbeth y no digamos de El Rey Lear, entre otras influencias quizá menos evidentes. Pero, desde luego, esas obvias huellas del vate de Stratford-upon-Avon no son parches, sino que están perfectamente imbricadas en el filme, un fastuoso derroche de suntuosidad como sólo los chinos saben hacerlo (la expresión “lujo asiático” debieron acuñarla ellos…), donde la conspiración corre paralela a la acción, con extraordinarias escenas de subyugante fuerza visual: esos guerreros de armadura dorada enfrentados a los soldados azules, ambos como océanos preñados de fuerza y poderío; esos tenebrosos luchadores de negro, una especie de ninjas que se deslizan entre las sombras como arañas en busca de sus víctimas…


Pero, con ser interesante toda la épica marcial, la trama dramática también es muy atractiva: la emperatriz y su pasión ilícita, el emperador y su venganza, cada uno de los hijos y sus escondidos deseos de traición, sexo, poder… Un riquísimo crisol sólo empañado por un arranque tal vez en exceso moroso: dedicar casi media hora del metraje al episodio de la medicina de la emperatriz parece demasiado, cuando podría haberse aligerado en beneficio del ritmo de la historia y del resultado final.


Con todo, es un pero menor, porque el filme funciona razonablemente como la gran tragedia que podría haber escrito Shakespeare si en vez de haber vivido en la Inglaterra de los siglos XVI y XVII, lo hubiera hecho en esas mismas fechas, pero allá en los dominios de la dinastía Ming de turno.


 


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115'

Año de producción

La maldición de la flor dorada - by , Feb 22, 2017
3 / 5 stars
La conspiración del crisantemo