Película: La momia. La tumba del emperador Dragón Al exitoso estreno (comercialmente hablando…) de “La momia” en 1999 le siguió, inevitablemente, una secuela en 2001, “El regreso de la momia”. Ambas dieron estimulantes réditos en taquilla, aunque la inmediata secuela oficiosa, “El rey Escorpión”, no fue tan buena recaudando dólares. Así que ya extrañaba que no siguiera la franquicia, en esta época en la que incluso sagas amortizadas por jubilación, como la de Indiana Jones, conocen ruidosas prolongaciones a mayor gloria del todopoderoso dios Billete Verde.
Este tercer capítulo (cuarto, si contamos el protagonizado por The Rock) cambia de director: Stephen Sommers, el realizador de las dos primeras entregas, cede su lugar a Rob Cohen, entre cuyos créditos cuesta trabajo encontrar algo medianamente decente. Lo más parecido a ello podría ser la evocación en clave nostálgico-aventurera de “Dragonheart”, que tenía su puntito; sobre el resto de su filmografía como director (léase “xXx” o “Stealth. La amenaza invisible”) mejor será correr un tupido y pudoroso velo. Este “La momia. La tumba del emperador Dragón” parece buscar también otro público que añadir al que ya conoce la saga; en este caso el espectador-“target” (como dirían los publicitarios carajas –que no es lo mismo que los carajas publicitarios, no se me enfurruñen…--) sería el que gusta de las historias de luchas orientales, que en este comienzo de siglo conoce un inusitado “revival” con las valiosas aportaciones de cineastas talentosos como Zhang Yimou o Ang Lee. Claro que Rob Cohen no va por ahí (ni siquiera “sabría” ir por ahí), y su misión es poner en imágenes este armatoste comercial, a ser posible bien salpimentado con adrenalina a espuertas y el toque de humor que es consustancial a la saga de la momia.
El tono decae con respecto a los dos anteriores capítulos, porque Cohen no es Sommers (y éste no es que sea Kubrick, pero al menos es ameno y entretenido). Sin embargo, como ya ocurría en el díptico originario, e incluso en la secuela oficiosa de “El rey Escorpión”, el diseño de producción es muy potente, y algunas ideas son francamente estimulantes, como ese ejército de soldados de terracota devueltos a la vida, o el no menos llamativo de la escuadra de esqueletos redivivos que se enfrentan a ellos, claramente influidos por un clásico del cine de aventuras como “Jasón y los argonautas”. Otras ideas son menos interesantes, como la enésima persecución en coche (en este caso combinada con carro tirado por caballos), cuya variación sobre el mismo tema no la hace mejor que sus innúmeros precedentes, o la irrupción fuera de contexto de un grupo de yetis con todo el aspecto de ositos de peluche de tamaño “king size”.
Como novedad (ejem…) se incluye el típico enfrentamiento generacional padre-hijo, aunque el encargado del casting no ha estado muy fino: Brendan Fraser tiene sólo trece años más que su supuesto hijo en la ficción; precocidad paterna se llama la figura… Sale también el carajote del cuñado del protagonista, haciendo sus numeritos humorísticos, un clásico ya en la serie, y poco más. ¡Ah, sí! Por fin Jet Li ha encontrado un papel adecuado a su hierática jeta: este inmortal con más de dos mil años de vida y cara acartonada no podría haber encontrado mejor intérprete (bueno, sí, tal vez Stallone, pero le faltan los ojos rasgados…).

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112'

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La momia. La tumba del emperador Dragón - by , Aug 07, 2008
1 / 5 stars
Momifica, que algo queda