Película: La mula La historia de cómo se hizo y, sobre todo, qué pasó después del rodaje de este filme, es casi más interesante que la película misma. La película se rodó en 2009, pero, según cuenta la productora española (Alejandra Frade, hija de José Frade, el histórico productor español), a falta de una semana para su terminación, la productora británica, Workhorse Entertainment, postuló unos cambios a niveles contractuales que la productora mayoritaria, la parte española, no aceptó, motivo por el que el director, Michael Radford, vinculado a la producción inglesa, se retiró del proyecto y desautorizó la utilización de su nombre en la película, razón por la que el filme figura dirigido por Anónimo, primer caso, que yo recuerde, que se da en España, si bien en otras cinematografías, como la norteamericana, es relativamente frecuente, utilizando para esos casos el heterónimo de Alan Smithee.

Terminada la película por un técnico contratado “ad hoc”, el siguiente paso de este culebrón fue la denegación administrativa por parte del Ministerio de Cultura de la autorización para poder ser comercializada, alegando declaración de lesividad, un abstruso término jurídico que no se sabía bien si podía ocultar una censura encubierta (cosa impensable a estas alturas) o algún tipo de presión por parte de Radford o la productora inglesa. Pleitos mediante, a finales del año 2012 se falla a favor de la productora española y se autoriza judicialmente su permiso administrativo para ser comercializada.

En cuanto a La mula en sí misma, lo cierto es que es posible que la defección de Radford haya podido influir en el resultado, si bien es cierto que contar en el montaje con Teresa Font, quien se puede considerar sin duda como el mejor técnico (sin diferenciar sexos) de su gremio en España, era una garantía de que el filme, a poco que los mimbres no fueran febles, podía ser al menos digno.

Para nuestro gusto ese es el caso. Es cierto que la película no tiene grandes virtudes, pero tampoco grandes defectos. Basándose en la novela homónima del escritor andaluz Juan Eslava Galán, cuenta una historia mínima, en el último año de la Guerra Civil Española, en el llamado bando nacional, donde un acemilero, un soldadito reclutado por la leva franquista, encuentra una mula que concibe llevarse consigo cuando vuelva a la vida civil. Casi paralelamente conoce a un estirada chica local, a la que corteja mintiéndole sobre sus supuestos caudales, aunque la chica, cuando conoce tales mentiras (y gordas), le rechaza, aunque de nuevo cuenta con su atención cuando el soldadito, en un lance de suerte, es reclamado por un grupo de militares republicanos que quieren entregarse al bando nacional.

El guión carece de estridencias, y aunque de vez en cuando parece buscar el toque surrealista (ese obispo cabalgando con pinta de Supermán a lomos de la mula enloquecida), en general gana al espectador por su falta de grandilocuencia, por contar cosas cotidianas de la época, desde el baile en la casa del pueblo en la que los soldados sueñan con poder sacar a bailar (con roce corporal incluido, qué morbo…) a las féminas guapas del lugar (que escaseaban, en detrimento de las feas), hasta el mercadillo de extranjis que mercachifles magrebíes montan en tierra de nadie para vender, tanto a franquistas como a rojos, chucherías tales como condones usados (una sola vez, dice el morito mercader, y lavados con vinagre, añade…) o pendientes arrancados alevosamente de las orejas de sus rojas portadoras.

Habría que alabar también el trabajo realizado con los acentos andaluces: Mario Casas consigue un acento que podría pasar razonablemente por jienense, de donde procede su personaje; no tan bueno es el de María Valverde, que resulta poco natural, afectado; pero el que se lleva la palma es Secun de la Rosa, que clava el tono jaenero.

Es cierto que la fotografía resulta a ratos turbia y como con grano, si bien es posible que fuera un efecto buscado para dar ese tono pardo y como espeso que parece apropiado para esta historia de infelices que se encuentran inmersos sin quererlo en un fregado que les supera, y que, como dice el personaje del Churri (estupendo Jesús Carroza, el descubrimiento de 7 vírgenes), el amigo del alma del protagonista, entre las batallitas de unos y otros, al final nosotros “jodíos” en medio.

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La mula - by , May 12, 2013
2 / 5 stars
Nosotros “jodíos” en medio