Película: La niebla y la doncella

Parece que el escritor Lorenzo Silva no tiene suerte con las adaptaciones de sus novelas del ciclo Bevilacqua y Chamorro, los dos investigadores (en este caso agentes de la Guardia Civil) que han retomado el testigo del detective español por antonomasia, el Pepe Carvalho del llorado Manuel Vázquez Montalbán. Sus novelas tienen tirón: están bien escritas, sus personajes se alejan de los estereotipos y, en definitiva, su lectura es una amena y razonablemente inteligente forma de pasar el tiempo. Pero en su paso a la gran (o pequeña) pantalla, las novelas de Vila (como abreviadamente llaman al sargento Bevilacqua, de intrincado apellido) y Chamorro no se puede decir que hayan estado afortunadas. Patricia Ferreira puso en escena El alquimista impaciente (2002), pero fue acogida con frialdad; otras dos historias sobre la pareja de picoletos se han llevado a la pantalla, en este caso pequeña, en sendas TV-movies, Un asunto conyugal (2009) y La reina sin espejo (2009), que también pasaron sin pena ni gloria.

Parece que La niebla y la doncella lleva el mismo camino; no ha sido apreciada por la crítica ni por el público. El problema entendemos radica en una floja adaptación, partiendo de un endeble guion original del propio director, Andrés M. Koppel, que debuta en la dirección de largometrajes (antes había rodado algunos cortos), pero que ha trabajado sobre un libreto propio confuso, lleno de incoherencias, con saltos y flecos que hacen que el espectador no siga bien la trama. Un thriller puede, incluso debe ser complejo, enrevesado; está en su raíz, en su espíritu. Lo que no puede ser es que esté mal contado, que las claves se escamoteen por pura insuficiencia del guionista, que la historia en vez de en La Gomera parezca estar ambientada en Marte.

Los miembros de la Benemérita, Vila y Chamorro, son convocados a la isla canaria para intentar resolver un asesinato que, tres años atrás, quedó cerrado por falta de pruebas. El principal sospechoso, un alto cargo político de la isla, fue declarado no culpable; ahora ha ascendido en la administración pública de la isla; en el puesto de la Guardia Civil, el teniente al mando ha mantenido una relación sentimental extramarital con la cabo que fue la última persona que vio con vida al asesinado, un chico de veintipocos años…

La trama es espesa, Koppel no se revela como un director precisamente estilista, con una planificación con frecuencia torpe y ramplona; ni siquiera vale invocar el principio del impersonalismo hawksiano: no hay color entre esta La niebla y la doncella y un thriller de Howard Hawks como, por poner un ejemplo, El sueño eterno (1946), y perdón por la forma de señalar. Hasta el título es equívoco (por supuesto, es una metáfora, no precisamente afortunada, al menos en su traslación al cine), porque la niebla es claramente de bote, de efectos especiales, y la doncella, ciertamente, tampoco es tal, al menos como la define la RAE.

La elección de Quim Gutiérrez como el sargento Bevilacqua se revela pronto como un grave error de casting; el guardia civil es hombre de una pieza, más cercano a un Clint Eastwood (ya que estamos con las comparaciones con Hollywood) que a este picoleto que, ciertamente, resulta demasiado melifluo, no es adecuado al personaje. Quim es un actor bien dotado para la comedia, sobre todo para la de enredo, pero me temo que el drama, y sobre todo el thriller, no le van en absoluto. Aura Garrido interpreta a la cabo Chamorro; el problema de Aura, más que interesante actriz, es que su rostro está actualmente “quemado” por su protagonismo en la serie televisiva El ministerio del tiempo; aunque se ha procurado cambiarle algo el aspecto tiñéndola de rubia, sigue pareciendo que, en cualquier momento, se va a meter por una puerta y va a salir a, un poner, la España de Felipe II. Verónica Echegui, sin embargo, está estupenda. Su papel no es fácil, porque en el guion no está demasiado bien perfilado (como ninguno de los caracteres, digámoslo claramente), pero ella aporta su naturalidad, se lo lleva a su terreno y lo hace creíble: sin duda, lo mejor del filme. Incluso Roberto Álamo, generalmente tan solvente, y más en este tipo de papeles broncos y (digámoslo así) machos, aquí está desdibujado, no se sabe muy bien a qué juega.

Lástima de empeño fallido, porque las novelas del ciclo Vila-Chamorro tienen muchas posibilidades cinematográficas (o televisivas), y me temo que este fiasco en taquilla hará que pase mucho tiempo antes de que alguien ose volver a ponerlas en pantalla. Y es una lástima doble porque el empeño, en términos de producción, es ambicioso, con un buen equipo técnico y apreciables recursos económicos.


 


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104'

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La niebla y la doncella - by , Sep 06, 2017
1 / 5 stars
Empeño fallido