Película: La noche es nuestra

El cine policiaco sigue dando sorpresas: cuando parecía que ya estaba casi todo hecho en el género, viene James Gray, un director relativamente novel (sólo ha hecho antes un par de largometrajes, ambos también relacionados con igual género), y nos presenta esta curiosa y estimulante La noche es nuestra, una visión de la Nueva York de 1988, en plena efervescencia del crimen organizado y de las mafias del narcotráfico, con una familia escindida en dos: por una parte el padre y uno de los hijos, altos mandos de la Policía; por otro lado la oveja negra, un chico que gerencia una discoteca en Brooklyn, que incluso ha cambiado su apellido para que no le relacionen, en el ambiente más bien disoluto que frecuenta, con sus parientes de la “pasma”.


Pronto el chico se verá inmerso en la lucha entre el narcotráfico y sus familiares policías, y entonces tendrá que tomar partido. Llama la atención el tono de esta notable La noche es nuestra: rodada por James Gray con un tono clasicista (la evocación inicial de la Policía de los años cincuenta, en fotografías en blanco y negro, ya indica por donde van los tiros… nunca mejor dicho), sin embargo el cineasta no desdeña aportar también innovaciones, como cierto toque cuasi surreal en las escenas finales en el cañaveral, cuando acosan al asesino, o en la casi shakespeareana muerte del padre en una espléndida secuencia de persecución automovilística, rodada de forma muy naturalista, bajo una lluvia inclemente, lejos de las habituales “performances” aerodinámicas en las que se lucen a tope los hábiles “cascadeurs”.


La hipnótica música del polaco Wojciech Kilar, el veterano compositor polaco que ha trabajado para los mejores directores de su país (Polanski, Kieslowski, Zanussi, Wajda) y occidentales (Coppola, Jane Campion), contribuye poderosamente a crear una atmósfera alucinada, la que ha de padecer un hombre que ve transformarse su vida regalada (encargado de discoteca, alcohol y droga sin tasa, novia como un tren, jaja, jiji) cuando la gente de su sangre sea golpeada por aquellos que le emplean como lacayo.


Filme sobre la necesidad de elegir, y de elegir bien, no es empero La noche es nuestra una hagiografía sobre la policía, aunque es evidente que, puestos a tomar partido, Gray lo hace por los caballeros de azul (por citar la sinécdoque cromática con la que jugaba aquella famosa serie televisiva de los años setenta, con George Kennedy como protagonista); seguramente buena parte de mis colegas de la crítica nihilista les parecerá esto una toma de postura fascista, o capitalista, o de apuntalamiento del “establishment” o alguna otra majadería similar; pero, ciertamente, si hay que elegir entre el abyecto narcotraficante que inunda las calles de mierda blanca, o el hombre de la ley que honestamente intenta evitarlo, la propia duda ofende.


A pesar de ello, no es, como digo/decía (en el umbral de Umbral), una vida de santos: estos policías tienen esqueletos en los armarios, no son precisamente como para imitarlos, y el propio proceso de conversión del hijo pródigo no estará exento de vicisitudes, incertidumbres, carencias. El propio final de esa transformación no presentará a un individuo feliz, sino amargado por la pérdida de la mujer amada, Amada (no siempre hay nombres propios que permitan ese casi calambur…). Nada es blanco y negro en esta película, y ello la adorna en su mensaje de dolorosa, tibia esperanza; estamos entonces no sólo ante un percutante thriller, de una intensidad poco común, sino también ante un drama humano, familiar, amoroso, finalmente de conciencia.


Gran trabajo de un Joaquin Phoenix cuya obligada, matizadísima metamorfosis supone una de las más interesantes composiciones que le hemos visto; el resto de intérpretes palidece a su lado, aunque alguno, como el gran Robert Duvall, está tan bien como siempre.


 


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115'

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La noche es nuestra - by , Apr 08, 2016
3 / 5 stars
El hijo pródigo