Película: La patrulla perdida

Aunque John Ford consigue fama mundial fundamentalmente con La diligencia (1939), a partir de la cual se abre su etapa más creativa y de mayor enjundia, convirtiéndolo en uno de los más influyentes directores de la Historia, lo cierto es que el cineasta irlandés-americano había comenzado a dirigir cine veintidós años antes, en 1917. La patrulla perdida fue una de las más curiosas películas rodadas en los primeros años treinta por Ford, en una época en la que el cine sonoro tenía todavía poca tradición, y en la que tanto la producción como los actores aún se estaban adaptando a la nueva formulación cinematográfica que suponía comunicar sus personajes, sus historias, a través de palabras y no sólo de gestos.

La patrulla perdida se ambienta en la Gran Guerra, la que sería después ominosamente denominada Primera Guerra Mundial, en un género, el bélico, que fue también bastante cultivado en el cine fordiano, al margen de su género por antonomasia, lógicamente el western. No hay mucha diferencia de tratamiento, de todas formas, entre este filme bélico y algunos westerns clásicos, pues aquí también tendremos, como ya es casi un lugar común en el cine del Oeste, un grupo de individuos acorralados en un espacio cerrado, asediados por unos enemigos invisibles.

Un pequeño destacamento británico atraviesa un desierto en la antigua Mesopotamia (actual Irak). Tras la muerte del oficial que lo comanda, único que conocía los detalles de su misión, la patrulla habrá de continuar en busca de su ejército; en su camino llegan a un oasis en el que podrán saciar su sed y descansar, pero también donde serán acosados por los guerrilleros árabes que los hostigan y diezman progresivamente.

La patrulla perdida, aparte de un filme bélico, tiene también evidentes resabios psicológicos: los soldados irán cayendo uno tras otro, tras diversas crisis de ansiedad, de pánico, acorralados por un enemigo al que no ven pero que presienten. Con la habitual economía de medios de la época, pero ya con la invisible personalidad que constituyó una de las marcas de fábrica de Ford, el filme resulta, aún hoy, tantos años después, desasosegante en su rara atmósfera de ”castillo asediado”, por llamarlo con una metáfora medieval.

Buen guión (sobre la novela Patrol, de Philip MacDonald) de Dudley Nichols, que colaboró en un buen número de películas de Ford, y música muy “ad hoc”, incluso con toques arabizantes, del gran Max Steiner, el compositor de Lo que el viento se llevó, entre otras muchas bandas sonoras inolvidables.

De los actores nos quedamos con Victor McLaglen, como siempre pétreo, rocoso, en un tipo de personaje que repetiría con frecuencia con Ford, para el que fue un intérprete recurrente. Sin el carisma mágico de John Wayne (otro actor puramente fordiano, pero varios trancos por delante de Victor), McLaglen supo establecer un arquetipo a lo largo de sus muchas colaboraciones con el director. Entre los secundarios llama la atención un Boris Karloff en un personaje ajeno al cine de terror que fue consustancial a su carrera, en este caso un fanático religioso, aunque su rostro de iluminado no sé si da más miedo que cuando hacía un rol terrorífico…


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73'

Año de producción

La patrulla perdida - by , Oct 17, 2015
3 / 5 stars
Asediados por un enemigo invisible