Película: La prisión de los chiflados El lanzamiento, a finales de los años setenta, del filme Desmadre a la americana, de John Landis, que tuvo un gran éxito dentro y fuera de los Estados Unidos, puso de moda un cierto tipo de cine en el que lo fundamental eran las gamberradas a cual más siniestra y de peor gusto. Pero lo que en el filme de Landis estaba utilizado como un elemento corrosivo que ponía en solfa a la sociedad del momento, en el resto de las películas que la imitaron fue mera y simple chocarrería, para halagar los peores instintos (vandalismo, crueldad, sadismo) de ciertos públicos, lamentablemente numerosos. Ese tipo de cine, en principio limitado en sus intérpretes a actores jóvenes, pronto descubrió su vena “adulta” (es un decir…), y se hicieron películas como El pelotón chiflado, de Ivan Reitman, que jugaba con las mismas bazas de este tipo de cine, solo que con protagonistas ya talluditos.

A esa estela pertenece esta La prisión de los chiflados, un cierto tipo de cine que en su momento, a mediados de los ochenta, llegó incluso a tentar a Blake Edwards con su El gran enredo. La película de George Mendeluk es una bazofia perfectamente prescindible. Un vendedor ambulante es encarcelado por hacer de casanova con quien no debía, y cuando llega a la prisión se encuentra con un mundo no precisamente en calma.

Los protagonistas de esta película son manifiestamente desconocidos, salvo Richard Mulligan, que conoció su gran momento de gloria a finales de los setenta con su celebrado personaje de Campbell en la serie telesiviva Enredo (Soap en el original inglés), antecedente de las sitcom que posteriormente invadirían (no siempre con fortuna…) las pequeñas pantallas de todo el mundo. Mulligan, actor de evidentes cualidades para la comedia, no pudo, sin embargo, enderezar el endeble esqueleto de este filme prescindible.


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81'

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La prisión de los chiflados - by , Apr 03, 2011
0 / 5 stars
Endeble, prescindible