Película: La promesa

El caso del director francés Patrice Leconte es curioso: comenzó a hacer cine en 1969, pero durante veinte años se dedicó a perpetrar artesanalmente olvidables filmes, generalmente comedias, que no llamaron la atención en absoluto. Coincidiendo con sus veinte años de carrera, sorprendió a todos con Monsieur Hire (1989), una extrañísima película sobre el amor, la obsesión, la abnegación. Pero es que al año siguiente haría su “opus magna”, El marido de la peluquera (1990), sutilísima historia romántica que jugaba con maestría con la sugerencia y los pequeños detalles. A partir de ahí, y durante el resto de la década de los noventa, nos ofreció algunos otros filmes de interés, como El perfume de Yvonne (1994), Ridicule (1996) y La viuda de Saint-Pierre (1999).


Pero como si llegado el siglo XXI hubiera vuelto a perder los papeles, durante toda la década de los años cero de esta nueva centuria no hizo nada medianamente interesante, y sólo ahora, ya en los años diez, ha vuelto a dar en la diana, de nuevo con un desaforado filme romántico, partiendo de la novela Viaje al pasado, del escritor austríaco Stefan Zweig.

La promesa es una película que, fiel a las características del mejor cine lecontiano, juega sus bazas en los detalles, en los matices de una relación amorosa y cómo ésta crece desde la nada hasta la más absoluta de las obsesiones. Alemania, hacia 1912. Un joven universitario consigue ser admitido en una importante siderurgia del país. El propietario, un hombre mayor, pronto le toma afecto cuando comprueba su eficacia, inteligencia y prudencia. El joven termina convirtiéndose en alguien indispensable para el mayor, pero cuando éste lo invita a su casa, conocerá a su joven esposa, por la que, poco a poco, sentirá que empieza a tener sentimientos amorosos. El joven, convertido ya en secretario personal y mano derecha de su patrón, cultivará desde el silencio y el secreto una pasión devastadora hacia la bella, que parece compartirla, aunque entre ambos existe como un tácito pacto de no descubrir sus cartas.

Es en toda la parte inicial donde vemos al mejor Leconte, el que gusta de sugerir, el que goza con las sutilezas, los detalles: el joven amante que aún no lo es oliendo la fragancia que despiden las teclas del piano recién tocado por su amada; la contemplación arrobada del cuello, parte de la espalda, un a modo de escorzo del rostro de la bella, desde la posición posterior del candidato a amante, mientras asisten a la representación de una ópera desde un palco del teatro… pequeñas perlas finísimas, recursos temáticos muy elaborados en los que se nota que Leconte disfruta: está en su salsa.

La segunda parte es algo inferior, una vez puestas las cartas del amor sobre la mesa; se pierde entonces en sutileza, y se cae en algunos errores de novato, como esa carrera de la amada en paralelo al tren en el que viaja su amante, uno de esos lugares comunes del cine romántico que deberían evitarse para no incidir en lo que ya es manido de tanta repetición.

Pero el conjunto queda como una obra hermosa, compacta, vigorosamente realizada por un cineasta que da lo mejor de sí en estas historias románticamente “fou”, con una suntuosa ambientación en la Alemania anterior a la Gran Guerra, cuando todo parecía posible, pero también el penoso tiempo de la Alemania entre guerras, con la República de Weimar y la decadencia imparable del pueblo teutón que llevó (lo que hace un clavo ardiendo…) al Tercer Reich de la mano de Adolf Hitler.

Gran trabajo de los dos amantes, desde las miradas antes que desde las palabras. Pero el que está realmente soberbio (no descubrimos nada, claro) es el gran Alan Rickman, el Snape de la saga de Harry Potter, capaz, como ya sabemos, de hacer una notabilísima composición sólo con pequeños gestos de sabio.


Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

98'

Año de producción

Trailer

La promesa - by , Nov 06, 2015
3 / 5 stars
Amor entre guerras