Película: La promesa. La leyenda de los caballeros del viento El cine de artes marciales orientales va derivando progresivamente hacia películas donde la tentación del esteticismo a ultranza va ganando la partida al fondo de las historias que se nos cuentan. Progresivamente se ha pasado de la austeridad estética de “Tigre y dragón” (ver crítica en CRITICALIA) a la orgía de color, suntuosidad y paisajística infográfica que presenta esta “La promesa…”, con intermedios cada vez más interesados por la belleza de las imágenes, como “Hero”, “Siete espadas”, “La casa de las dagas voladoras” o “La maldición de la flor dorada” (ver crítica de las tres últimas en CRITICALIA). No seré yo quien reniegue de ese gusto por el preciosismo, porque en cine la hermosura nunca está de más, salvo que chirríe con el contexto argumental que se expresa (lo que no es el caso). Lo que pasa es que, a fuerza de dar mayor protagonismo a la estética de las películas, se está olvidando adensar las historias que se nos cuentan; porque, aunque parezca perogrullesco recordarlo, el cine es, fundamentalmente, un arte narrativo, como lo es la novela; por supuesto que hay lugar para otras propuestas (en España bastaría recordar el nombre de José Luis Guerín), pero no es lo habitual.
“La promesa. La leyenda de los caballeros del viento” resulta, de esta forma, mucho más interesada en el alambicado decorado que se nos presenta (con campos literalmente filmados mediante infografía, decorados virados de color para dar una sensación surreal, escenarios virtuales que sólo existen en el disco duro del ordenador que los creó) que en el argumento, una historia que hunde sus raíces en lo que podríamos llamar, sin ánimo despectivo, un cuento chino: una niña literalmente muerta de hambre, en el tiempo de las dinastías históricas de aquel gran (en sentido estricto) país, es visitada por una especie de hada madrina que le otorga el don, por así ella quererlo, de convertirse en una princesa deseada por todos, pero que no podrá amar sin tragedia. Ya adulta, la chica deseará cambiar ese don cuando se enamora de un enmascarado que, en contra de lo que predica su armadura de general omnipotente, no es sino un pobre esclavo (de pies ligeros, es cierto, como un Aquiles de ojos rasgados) al servicio de su amo. De por medio estará, además del esclavo impostor, el general que le cedió la máscara y el enemigo que quiere sustituir al rey, tanto en el trono como en el corazón (y en la cama, es cierto) de su amada, que no es otra que la niña indigente del comienzo del filme. Pero esta historia, lógicamente cuasi de folletín, como es habitual en este tipo de cine de sentimientos extremos, parece contada como con desgana, como si Chen Kaige, que se sabe un excelente ilustrador de las épocas imperiales chinas, dedicara mucho más tiempo a la recreación del escenario en el que se desarrolla la peripecia argumental que a dotar de verosimilitud y credibilidad a esta historia en clave fantástica.
Así las cosas, “La promesa. La leyenda de los caballeros del viento” (por cierto, el título original es “Wu Ji”: ¿estaría justificado algún comentario jocoso, incluso hiriente, sobre el disparatado, a fuer de kilométrico, título español que le han endilgado los distribuidores celtibéricos? Pues denlo por escrito…) resulta ser un brillante espectáculo, un bonito paquete primorosamente enjaezado, pero de cuyo interior apenas si surge un pequeño ratón blanco: ¡ay, el parto de los montes…!

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103'

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La promesa. La leyenda de los caballeros del viento - by , Nov 25, 2007
2 / 5 stars
La tentación del esteticismo