Película: La red social Definitivamente, sólo a los norteamericanos les puede interesar historias como esta, la de un botarate, un pillo redomado que se aprovechó de la inocencia de otros para montar el negocio del siglo, esa red social que cuenta sus socios por millones, pero que nace de la traición sin límites de un gilipollas integral que se ha hecho asquerosamente rico con la idea de otros y el trabajo de su amigo del alma. Pues qué bien...

Los yanquis son expertos, como es sabido, en vendernos burras ciegas, como aquel Bugsy que enaltecía a un gánster matarife que tuvo la idea (no sé si genial o delirante) de construir Las Vegas en medio de un desierto. Pues esta La red social vende otro peine a un calvo, la historia de este pillastre que se la metió doblada a su mejor amigo y a unos pijos de opereta, todo ello con unos diálogos que hacen un gran esfuerzo para ser considerados los más ininteligibles jamás rodados, a fuerza de utilizar términos cibernéticos, leguleyos y/o economicistas a una velocidad que el oído humano difícilmente puede seguir. Sobre todo la primera parte es de un críptico que ríase usted de las películas herméticas de Saura en los años sesenta y setenta, o del Bergman religioso-humanista de los cincuenta y sesenta. Claro que en Saura y Bergman lo que había eran conceptos filosóficos y aquí lo que hay es mera palabrería dicha a velocidad de Moto GP. ¿A quién puede interesar esta historia? Pues a lo mejor a los estudiosos del fenómeno de la picaresca, convencidos de que, aunque la inventamos durante los Siglos de Oro, los españoles no somos los únicos que poseemos su patente (además, seguro que este mequetrefe nos la hubiera robado…).

Lástima de David Fincher, que no es uno de nuestros cineastas favoritos, pero al que desde luego se le da mucho mejor el cine de intriga y el de terror (véanse Seven, La habitación del pánico o Zodiac) que este filme de juicios sin juicios, de pamplinas que llega a ser el rey del mundo sin pretenderlo, de mocosos que se encuentran la piedra filosofal y no se dan cuenta. Mención aparte para el personaje interpretado por Justin Timberlake, el legendario Sean Parker, creador de Napster, al que los autores del filme, desde el guionista al director, ponen de chupa de dómine: engreído, petulante, traicionero, drogata, menorero… una joya, si es verdad sólo la mitad de lo que de él se cuenta. Claro que si tenemos en consideración que su portal cambió radicalmente la concepción del negocio musical y audiovisual, a lo mejor la existencia de esa caca de tío también tuvo algún sentido… Un apunte a modo de estrambote: aparece en un papel secundario, peinando canas ya, David Selby, el inolvidable villano de Falcon Crest, y un ya crecidito Joseph Mazzello, el niño con voz chillona de Parque Jurásico: tempus fugit

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115'

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La red social - by , Oct 17, 2010
1 / 5 stars
¿Pero a quién demonios interesa esto?