Película: La salida de los obreros de la fábrica ¿Se puede hacer una crítica sobre la que se considera primera película oficial de la Historia del Cine? Hombre, como poder se puede; vamos a intentarlo.

La salida de los obreros de la fábrica fue, efectivamente, el primero de los diez cortos que compuso el programa que se proyectó el 28 de diciembre de 1895 (día de los Santos Inocentes: bien escogido el día, a fe mía…), en el número 14 del Boulevard des Capucines, en París, en el llamado Salon Indien del Grand Café. En esa sesión, considerada la primera exhibición oficial del nuevo fenómeno, el cinematógrafo, el primero de los cortos fue éste que, curiosamente, sería remakeado (como dicen ahora los cinéfilos friquis) por los propios Lumiére varias veces, de tal forma que hay varios cortos muy similares, que ofrecen la misma visión: la cámara está situada frente a la gran puerta de la fábrica Lumière en Lyon, ésta se abre y empiezan a salir un gran número de mujeres y algunos hombres. Pero, aunque son varias las versiones del corto, lo cierto es que el primero fue el que se puede visionar al pie de esta crítica.

Efectivamente, los hermanos Lumière (aunque nominalmente es Louis el que figura como director de la película, lo cierto es que con toda seguridad su hermano Auguste se puede considerar oficiosamente como codirector) se limitaron en la película a hacer lo que con el tiempo se llamaría un plano general, estático, con la cámara fija, dirigida hacia el gran portón de la fábrica, por donde, con su apertura, comienza a salir un buen número de mujeres, todas ellas ataviadas a la moda de la época, con faldas hasta el suelo (los barrenderos no debían tener mucho trabajo entonces: la basura la debían barrer las féminas con sus faldas…), sus delantales, sus sombreritos, y todas también con lo que parecen canastos, o fiambreras, algún tipo de recipiente donde llevar la comida del día. También aparecen algunos hombres, ataviados a la moda de la época: traje oscuro, corbata, sombreros (muchos de ellos canotiers, que debían hacer furor entonces), algunos con bicicletas; hay incluso algún perro que aparece en imagen, de buen tamaño, una especie de mastín, y que curiosamente también figura en las otras versiones de este corto primigenio, por lo que se puede colegir que el can debía ser propiedad de la fábrica. Por último, un carromato sale por el portón, tirado por un par de caballos, uno blanco y otro negro.

El plano está filmado encuadrando a la derecha el gran portón y a la izquierda una puerta de tamaño normal, por la que apenas sale casi nadie, aunque en otras versiones sí que tiene un tráfico tan concurrido como el del portón.

Por supuesto, estamos hablando de una película en la que no existe lenguaje cinematográfico, más que nada porque entonces no existía siquiera el cine, en sentido estricto, sino que únicamente se estaban exhibiendo en aquella sesión parisina una serie de exóticas muestras de un invento que los hermanos Lumière habían patentado en febrero de ese mismo año de 1895.

No obstante, es obvio que sin aquella primera demostración del invento, nada hubiera sido posible después. El hecho de que los hermanos Lumière carecieran de capacidad visionaria para darse cuenta de las inmensas posibilidades del artilugio que habían inventado (de forma prácticamente simultánea a Thomas Alba Edison en Estados Unidos), no debe influir en el hecho de que los cinéfilos tenemos una deuda de gratitud inmensa hacia ellos.

Decía Lope: Un soneto me manda hacer Violante/ y en mi vida me he visto en tal aprieto.

Permitidme terminar a su manera: Contad sin son catorce, y está hecho…

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La salida de los obreros de la fábrica - by , Dec 01, 2013
2 / 5 stars
Contad si son catorce…