Película: La vergüenza Recién premiada con el máximo galardón del Festival de Cine Español de Málaga, “La vergüenza” ejemplifica perfectamente qué tipo de cine debería hacerse en España para que llegara al público, con calidad, con temas que interesan, que emocionan, sin por ello caer en el chantaje sentimentaloide. No quiere ello decir que la película funcione en taquilla (de hecho, cuando la vi, sólo había otra persona en la sala), pero ésa es otra historia: el cine español sigue dedicando todo a la producción y nada a la promoción, y así es imposible. Si el problema es que no se pueden incrementar los gastos porque no hay más recursos, habrá que pensar en recortar esos costes para poder después hacer una campaña publicitaria como Dios (y MacLuhan) mandan.
Pero vamos a la película: es cierto que comienza dubitativamente, como la típica historia con hijos que les superan y que están al borde de un ataque de nervios, con la peculiaridad de que, en este caso, el niño vive con la pareja en régimen de acogida, previo al de posible adopción. El chico, de nacionalidad peruana y de ocho años de edad, ha estado ya con otras familias de acogida y su carácter difícil le ha hecho ser rechazado en todas ellas. La pareja protagonista, ante las dificultades, se está planteando si ese día, cuando reciban a la asistenta social de la Comunidad de Madrid para evaluar si van a adoptarlo, optan por devolver al chico, lo que provoca graves divergencias entre los cónyuges.
Pero esa primera impresión de duda, o de cosa ya vista (“déjà vu”, dicen los cursis), se va diluyendo enseguida, en cuanto se entra en el meollo de la cuestión: por un lado, la forma de afrontar la pareja sus divergencias ante la asistenta social, y cómo su postura va evolucionando conforme se van produciendo las preguntas, y sus respuestas, al cuestionario que les hace la funcionaria; por otro, cuando la historia con el niño y su cuidadora, peruana como él, toma un sesgo imprevisto. Entonces la película gana en intensidad, en riqueza humana, en emoción. David Planell, nuevo en la realización, confirma algo que ya intuíamos: sus guiones para “Héctor” y “Siete mesas (de billar francés)” eran notables, y el acartonamiento de ambas películas ha de atribuirse, entonces, a la pesadez como directora de Gracia Querejeta, no al libretista; porque aquí, cuando Planell hace ambas funciones, el filme resulta ligero, sin ser superficial, avanza con facilidad, fluye con naturalidad, con una frescura y una sencillez que en las películas de Gracia no existen.
“La vergüenza” es, entonces, un drama (con irisaciones puntuales de comedia) que habla hondamente del sentimiento materno y paterno, pero también de las mentiras y verdades de toda relación de pareja, de la segunda oportunidad, de la necesidad de hacer las cosas bien, pese a todo, de no tomar atajos que hacen incurrir, otra vez, en graves errores.
Mención aparte para los intérpretes: a Alberto San Juan ya lo conocemos y sabemos de su facilidad para la comedia, pero en este filme consigue algo inusual: que nos riamos y lloremos al mismo tiempo con él; Natalia Mateo, todavía poco conocida, aporta una naturalidad desarmante, una rara capacidad para transmitir emociones: estamos ante un valor seguro, que raro es no haya despuntado antes; pero la que rompe la pana del elenco es la actriz peruana Norma Martínez, que hace grande su papel, en principio secundario, como cuidadora del niño, pero que irá agrandándose y cobrando cuerpo como coprotagonista, al mismo nivel que San Juan y Mateo, en un rol muy complejo en el que tan fácil era caer en el folletín.
Hablando de cine emotivo: hay cierto mentecato dentro del gremio de la crítica que, como ya ha hecho antes con otros de su mismo corte y estirpe, calificará a este filme de “infectado de sentimentalismo”: anda, hijo, que Dios (y tu Godard de tu alma) te conserven la vista…

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107'

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La vergüenza - by , Apr 30, 2009
4 / 5 stars
La aventura de adoptar