Película: La vida de Pi Alguna vez he escrito que Ang Lee es algo así como el Howard Hawks de nuestros tiempos; eso sí, con los ojos achinados y, claro está, sin el inmenso talento del autor de títulos inolvidables en géneros de lo más diverso, como La fiera de mi niña (comedia), El sueño eterno (thriller), Los caballeros las prefieren rubias (musical) o Río Bravo (western), citando sólo algunos de los filmes más emblemáticos que realizó. Por supuesto que Ang Lee no tiene la altura humanista de Hawks, ni su dominio magistral del cine como arte de la naturalidad, pero no por ello debemos hurtar mérito a quien, como este chino taiwanés, ha sabido hacer cine en prácticamente todos los palos, y en general de forma más que decente: ha hecho comedias (El banquete de boda), cómics (Hulk), westerns (Cabalga con el diablo), dramas (Brokeback Mountain, La tormenta de hielo), románticas (Sentido y sensibilidad), eróticas (Deseo, peligro)… todo un muestrario de una versatilidad ciertamente notable.

Dicho esto, y una vez lapidado por haber osado comparar a Ang Lee con un pope como Howard Hawks, hablemos de La vida de Pi, la adaptación al cine de la novela de Yann Martel, el escritor canadiense que consiguió el éxito de su vida con la publicación, a principios del siglo XXI, de su novela homónima, pronto considerada como un clásico moderno, con influencias, entre otras, de algunas de las obras más conocidas de Herman Hesse, como Siddhartha o El lobo estepario, una novela que busca la espiritualidad en tiempos de materialismo, con un protagonista, el Pi del título, un chico hindú, que sigue simultáneamente las religiones más importantes, de su originario hinduismo al cristianismo de su primera adolescencia, el islamismo que enseguida le prende también, o las teorías budistas. Este crisol de religiones se encontrará, por mor de un naufragio en un barco repleto de animales, en medio del océano compartiendo una ligera barca de salvamento con un tigre de Bengala, con el que tendrá que convivir durante una muy larga temporada…

La novela de Martel es un compendio de aventura e indagación. Su autor buscaba un sentido a su vida, y la reflexión sobre las grandes religiones del ser humano probablemente le otorgó un camino; si no fue así, al menos le llenó la faltriquera, lo que en una historia que busca la espiritualidad no deja de ser un efecto secundario cuanto menos chocante…

En lo que respecta a la versión al cine de Lee, estamos ante una elegante película, rodada con la clase que ya le conocemos a su director, con una fotografía de una belleza casi surreal, que a veces parece como de photoshop, con esos paisajes marítimos de un azul líquido como seguramente no existe en la Naturaleza, y afrontando el reto de que la mayor parte del metraje se desarrolle en un único escenario, un bote de salvamento, y con dos únicos actores, y uno de ellos, el tigre, con cierto hieratismo expresivo, por decirlo con un eufemismo irónico…

La prueba, sin embargo, resulta favorablemente superada, pues Lee consigue mantener la atención sobre la aventura al tiempo que las reflexiones teológicas (un poco de Reader’s Digest, es cierto) sobrevuelan la historia, sobre todo en los excursos en los que el protagonista, ya adulto, cuenta su peripecia a un escritor canadiense (se supone que un trasunto del propio Yann Martel, de esa misma nacionalidad y profesión). Si acaso habría que poner un pero al excesivamente dilatado tiempo dedicado a la cohabitación del tigre y el zagalón (no me he podido resistir: la tentación de otro de los títulos de Ang Lee, Tigre y Dragón, era demasiado fuerte…), que llega a cansar. Y es que el lenguaje del cine no es el de la novela, aun siendo los dos artes eminentemente narrativos (aunque esto haya mentecatos que lo pongan en solfa…).

Pero el conjunto resulta ser una excitante aventura con destellos entre lo filosófico y lo religioso, un filme en el que se habla de Dios (o de Alá, o de Buda, o de Visnú…) sin gazmoñerías, sin utilizarlo, como tan frecuente es, para los intereses de los autoproclamados vicarios de turno.

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127'

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La vida de Pi - by , Dec 08, 2012
3 / 5 stars
Tigre y zagalón