Película: La Vie et la Passion de Jésus-Christ Cuando el cine echa a andar, sin saber qué es, allá por 1895, tras la primera exhibición de los hermanos Lumière, lo primeros filmes que se rodaron eran generalmente tomas de la realidad cotidiana, de corte documental, en el que se trataba simplemente de colocar la cámara tomavistas y captar eso que los pintores llaman “apuntes del natural”. Pero progresivamente se fueron sumando nuevos motivos, ya de corte dramático y/o narrativo, y entre ellos los religiosos y concretamente los cristianos, si bien hay que considerar que uno de los primeros que realmente contó la historia completa de Jesucristo fue este filme de Ferdinand Zecca y Lucien Noguet, y que para ello tuvo que esperarse hasta 1903; hubo algunos intentos previos, entre ellos uno del propio Lumière, pero deben considerarse meros balbuceos sin entidad propia.

En este sentido debe tenerse en cuenta que afrontar la narración de la vida de Jesús precisaba de un proyecto extremadamente ambicioso, no sólo por el metraje, que debía ser mucho más largo de lo que hasta esos momentos se estilaba (que no era mucho más allá de los ocho o diez minutos), sino, sobre todo, por precisar un importante esfuerzo de producción, tanto en decorados como en vestuario, figuración, atrezzo, etc.

Ferdinand Zecca, que trabajaba para Pathé, afrontó, junto a Lucien Nonguet, el rodaje de 32 escenas, que podríamos llamar también, a la manera pictórica, “tableaux”, en las que se representaban los momentos más importantes de la vida de Jesús de Nazaret, desde la Anunciación a la Virgen María por el arcángel San Gabriel, hasta la Resurrección de Cristo y su Ascensión a los Cielos.

La vie et la passion de Jésus-Christ fue en su momento un alarde técnico y presupuestario. Zecca y Noguet utilizaron con profusión la técnica del “stop-trick” o truco de la parada de imagen para dar la apariencia de volatilización o materialización de personas u objetos, pero mejorada con la técnica de la sobreimpresión, que permitía hacer aparecer, o desaparecer, de forma pausada, no de golpe, y que convenía tan bien al tema tratado, lógicamente taumatúrgico.

En La vie…, además de poder considerarse la primera vida de Jesús completa en el cine, hay varias circunstancias de lo más interesante, además de la profusa utilización del “stop-trick” mejorado que hemos comentado, tan adecuado al tema. En varias de las escenas o “tableaux” que componen el filme se produce un movimiento de cámara, un mínimo barrido, para encuadrar a personajes que no estaban en la escena primitiva, que de esa forma enriquecen la narrativa del filme, permitiendo dos escenarios distintos, aunque sean conexos. El barrido o panorámica era por aquel entonces prácticamente desconocido, y su descubrimiento debió ser, evidentemente, mucho más utilitario que artístico; su invención no requirió más que caer en la cuenta de que, si se agregaba un eje giratorio a la parte inferior de la cámara tomavistas, y ese eje, a su vez, se unía al trípode que la sostenía, se podía girar moderadamente la cámara y con ello mover la imagen inicial hacia el paisaje o decorado que hasta entonces quedaba fuera de plano. También como nuevo recurso cinematográfico tendremos el inserto de dos planos medios, uno de Cristo al ser presentado por Pilatos ante el populacho, con la inscripción Ecce Homo, recurso que rompe la continuidad de planos generales que, por aquel entonces, constituía la única herramienta de que disponían los cineastas; ese mismo plano se repetirá después, cuando la Verónica enjuga con un lienzo la sangre del rostro de Jesús, quedando plasmados los rasgos faciales del Nazareno en la tela, momento en el que los directores insertan un plano medio de la piadosa mujer mostrando el milagro.

La vie… presenta también otra particularidad, que se había visto ya en algunos filmes, pero nunca a la gran escala en la que se trabajó aquí: el coloreado de los fotogramas. Fue un español, Segundo de Chomón, uno de los grandes pioneros de nuestro cine, quien se encargó de esta tarea, combinando escenas globalmente teñidas de un determinado color con otras en las que a algunos personajes concretos se les coloreaba (a mano, por supuesto) la vestimenta o algún elemento de su indumentaria o personalidad; especial hincapié haremos en las alas de los ángeles o arcángeles, que según la imaginación de Chomón debían ser amarillas…

Otra curiosidad de La vie… es su inspiración iconográfica: Zecca y Nonguet tomaron como punto de partida para reflejar los pasajes de la vida de Cristo la que se puede considerar la Biblia ilustrada más famosa del mundo, la de Gustave Doré, hasta el punto de que hay escenas, como la de Las Bodas de Caná, que son casi un calco en su plasmación cinematográfica con respecto al original del genial pintor francés.

La primera aparición de la vida de Jesús en cine de una forma que podemos considerar casi exhaustiva se saldó, entonces, con un gran éxito de público, y en el aspecto puramente cinematográfico, con varios avances que ayudaron a dar esos primeros pasos en los que el cinematógrafo aún no estaba precisamente ducho…

En el principio era el Verbo, principia (si me permiten el casi calambur) la Biblia. En el principio, en cine, en cristianismo, fue La vie et la passion de Jésus-Christ.

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44'

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La Vie et la Passion de Jésus-Christ - by , May 29, 2013
3 / 5 stars
En el principio...