Película: La voz dormida

Tengo escrito que, en cine, no es buena consejera la perspectiva ideologizada, aún menos la ideologizante. Salvo escasas excepciones (es obvio citar a Eisenstein), los filmes que buscan adoctrinar en cualquier causa, religión o política están abocados al fracaso: el apostolado tiene esas cosas, cree más importante dogmatizar que hacer buen cine.


El caso es que en esta por lo demás interesante La voz dormida se parte de una situación muy ideologizada, con una cárcel de mujeres en la inmediata postguerra civil española, con un grupo de militantes del Partido (obviamente el Comunista, que por aquella época era de los pocos que resistían en la clandestinidad) y la forma en la que la hermana de una de ellas se involucra, a su pesar, en la lucha contra el franquismo. Esa es la parte más débil, donde más rechina un argumento maniqueo con rojas buenísimas y fachas malísimos, como de opereta, que no ayudan precisamente a la verosimilitud de la historia. Pero, conforme va avanzando el metraje, Benito Zambrano, perito en transmitir emociones, va olvidándose de la ideología, del Partido y demás zarandajas, y empieza a hacer Cine con mayúsculas, desde la emoción, en todo ese último tercio en el que el trágico desenlace final se ve llegar sin poder frenarlo en modo alguno. Es entonces cuando La voz dormida se hace cine mayor, cine grande y entero, cuando nos recuerda la sensibilidad del autor de Solas, su primera y, por ahora, mejor película.


Brilla a gran altura la ambientación, donde afortunadamente no se cae en el típico error del cine español de hacer miseria de diseño. A ello ayuda poderosamente la fotografía de Álex Catalán, de tonos oscuros y lóbregos, con colores ocres, como de casaca de guerra, que reflejan atinadamente la etapa más ominosa de la reciente Historia de España.


Claro que, puestos a destacar a alguien, tenemos que quedarnos con la estupenda María León, actriz que pareció alguna vez que lo era por mimetizar a su hermano, el excelente cómico Paco León, pero que aquí demuestra una extraordinaria capacidad para componer un personaje que se hace entrañable, aunque a ratos sea también irritante en su falta de discreción. Con irisaciones de Omaíta (lo cual no es ningún desdoro: el personaje de los Morancos no es sino una parodia, una caricatura, de un tipo humano perfectamente reconocible y existente), el papel que interpreta María supone uno de los mejores que se ha visto en el cine español en los últimos tiempos, un personaje tierno, entregado absolutamente a su hermana presa, deliciosamente ingenua en sus escarceos amorosos.


 


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115'

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La voz dormida - by , Jun 27, 2017
3 / 5 stars
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