Película: Las altas presiones

Además de contar con un buen guión y con una dirección puramente cinematográfica, una película debe tener en cuenta el metraje adecuado para la idea que la germinó. En el caso de esta Las altas presiones da la impresión de que con treinta o cuarenta minutos hubiera ido más que listo, pero se supone que la imposibilidad de comercializar ese metraje ha hecho que se haya hinchado hasta poco menos de la hora y media estándar, y lo cierto es que de esa ampliación se resiente la historia. Porque la primera hora es un aburrido deambular del protagonista, un hombre de cine que se encuentra haciendo localizaciones para el proyecto de otro cineasta; la zona es su tierra natal, en la Galicia rural, aunque no necesariamente profunda. En ese contexto volverá a tener relación con antiguos conocidos y amigos, y también con una chica que ve por primera vez y con la que parece que hay tensión sexual. Esa parte, la que tiene como protagonistas a ambos, y un tercero que entra en discordia, es la que mejor funciona, la que presenta la típica historia de amor y desamor que, todo hay que decirlo, gusta siempre que esté hecha con buen tino y auténtica emoción, lo que es el caso.

Pero, claro, una película no pueden ser dos partes inanes y una interesante; así las cosas, el balance no puede ser más descompensado, y lo que hubiera sido un corto estimulante se queda en un largometraje irregular, que aburre en su planteamiento y nudo, para terminar entonándose en el desenlace.

El (casi) neófito director, el gallego Ángel Santos, apunta maneras en este su segundo largo. Su cine parece tener parentesco con algunos nombres mayores, como Eric Rohmer y sus comedias evanescentes, o como Woody Allen y sus comedias de amores y desamores. Claro que a Santos le falta la levedad alada, la sencillez sin embargo fascinante del autor de La rodilla de Claire, y la chispa, la genialidad dialoguista del director de La rosa púrpura de El Cairo. Démosle, de todas formas, un voto de confianza, visto que el último tramo de su filme tiene interés, y no está el patio para desperdiciar gente con destellos de talento.

Entre los intérpretes destaca el siempre estimulante Andrés Gertrúdix, cada vez más seguro, aunque es cierto que por su físico e idiosincrasia nos tememos que va a estar limitado a un determinado tipo de papeles, sin muchas posibilidades de otros registros. Claro que eso le pasaba también a John Wayne, en otra escala, y ya sabemos que eso no le impidió convertirse en un nombre fundamental del cine clásico.


 


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85'

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Las altas presiones - by , May 30, 2015
1 / 5 stars
Hubiera sido un corto aceptable