Película: Lejos de los hombres

El gran Albert Camus no ha tenido, en general, mucha suerte con las adaptaciones que cine y televisión han realizado de sus obras. Quizá las más conocidas versiones sean El extranjero (1967), que tampoco se puede decir que sea de las mejores películas de Visconti, y La peste (1992), de Luis Puenzo, que no gozó tampoco de mucho predicamento. Se puede convenir entonces que esta Lejos de los hombres es, con diferencia, la mejor de las adaptaciones camusianas.

Partiendo de un relato, L’hote, contenido en el volumen L’exil et le royaume, el guionista y director francés David Oelhoffen (cuyo apellido evidencia su origen germánico) ha llevado a la pantalla una hermosa historia de convivencia étnica y racial, en el universo convulso de la entonces incipiente guerra de independencia de Argelia, hacia 1954, cuando a un maestro francés, de ancestros españoles (andaluces, aclara el protagonista), nacido en la entonces colonia gala del Norte de África, se le encomienda por las autoridades el traslado hasta la ciudad más próxima de un preso por un delito común, el asesinato de otro hombre. El profesor se niega en principio, abominando de esa tarea de correo de delincuentes, pero el acoso por parte de los familiares del asesinado le hará reflexionar sobre esa decisión.

Oelhoffen, de escasa filmografía (apenas unos cortos y sólo un largometraje, Nos retrouvailles, no estrenado en España), resulta sin embargo una agradabilísima sorpresa. Lleva el tema a su terreno y, aunque sigue la estela de la narración camusiana, le confiere su propia impronta, hace suya esta historia de un argelino blanco (un pied-noir, un “pie negro”, como llamaban los argelinos indígenas a los colonos franceses, por los zapatos negros que calzaban) que se ve compelido a ayudar a un musulmán al que no conoce de nada, pero de cuyo destino no podrá desentenderse, por más que quiera.

El viaje hasta la ciudad donde debería entregarlo estará trufado, además de aventuras, que le confieren un curioso aire como de “western”, de un progresivo acercamiento entre los dos hombres, que terminarán entendiendo las razones del otro, acabarán comprendiendo hasta qué punto ambos son seres zarandeados por el destino, cómo pueden hacer para intentar evitar ser arrastrados por la sinrazón de aquellos que se llaman a sí mismos seres humanos, aunque se caractericen más bien por su inhumanidad.

Rodada con solvencia, tanto en las numerosas escenas de acción como en aquellas en las que ambos hombres hablan casi en susurros, en mitad del desierto, a la luz de hogueras encendidas casi a escondidas, es en estas últimas secuencias donde la película gana en altura, con diálogos espléndidos que nos permitirán conocer mejor a los dos varones a los que el destino ha querido unir, quizá para que ambos pierdan sus respectivos prejuicios y aprendan virtudes como la tolerancia, la solidaridad, la generosidad, quizá la amistad.

Sacando notable partido de los bellísimos (a fuer de áridos) paisajes de las montañas del Atlas, David Oelhoffen consigue una obra de una madurez asombrosa, una historia de acercamiento entre dos identidades finalmente no tan distintas, una evolución emocional, sentimental, entre dos hombres aparentemente dispares.

Chapeau (nunca mejor dicho…) para un Viggo Mortensen que se implicó en este proyecto, a pesar de no cuadrar con su estatus de estrella de Hollywood, hasta el punto de intervenir como productor asociado. Además, Viggo vuelve a demostrar su don de lenguas, hablando aquí en francés, árabe y español (en esta última lengua ya lo oímos hablar en Alatriste y en Todos tenemos un plan), e incluso marcándose algunas frases en un perfecto andaluz. Reda Kateb, que a pesar de su juventud ha rodado ya incluso en Hollywood (véase, por ejemplo, La noche más oscura), le da cumplida réplica en su papel de hombre vapuleado por un sino al que una bárbara ley aboca a un sacrificio quizá sin remedio. “Es la ley”, dice el joven musulmán al que el destino catapulta sin remisión hacia la muerte para salvar a los suyos. “Es la ley”, dice el argelino, aunque quizá un blanquito de acento como de Cádiz o Sevilla, aunque tan argelino como él, pueda ayudarle a sortearla…


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Lejos de los hombres - by , Oct 11, 2015
4 / 5 stars
Es la ley