Película: Lobezno inmortal Tengo escrito (no soy original, ya lo sé) que cuando en una serie se van agotando las ideas, a sus autores les suele dar, entre otras ocurrencias, por enviar a sus protagonistas de viaje por esos mundos de Dios. Hay ejemplos tales como Tom Sawyer en el extranjero, de Mark Twain, en novela, o Tarzán en Nueva York, en cine. En la serie de X-Men parece que llegó el temido momento de la sequía de peripecias para seguir con este filón que, hasta la fecha, ha recaudado en todo el mundo (sólo en salas, sin contar otros canales de distribución) la bonita cifra de casi mil novecientos millones de dólares. Así que ni corto ni perezoso los guionistas (que sí se han revelado como un tanto ídem…) envían al buque insignia de los mutantes, Lobezno, al país del sol naciente, Japón, cuyas tradiciones y costumbres siempre dan mucho juego, sobre todo en Estados Unidos, a cuyos ciudadanos las peculiares maneras niponas siempre les han resultado un tanto chocantes.

Así que nuestro lupus de dos patas, con más pectorales y abdominales que Arnold Schwarzenegger en su buena época, se marcha a Japón a reencontrarse con un hombre al que salvó sesenta y tantos años antes (ya se sabe que por Logan, heterónimo de Lobezno, no pasan los siglos…), y allí se ve inmerso en un fregado de mucho cuidado, cuando la Yakuza (la siniestra mafia nipona, ya saben) secuestra a la nieta del hombre tantos años atrás salvado, que ya está listo de papeles, aunque esconde alguna que otra sorpresa.

Lo cierto es que Lobezno inmortal no es de los mejores episodios de la franquicia, que suele funcionar mejor cuando el protagonismo se diluye entre los diversos mutantes, a cual más sugestivo, que suele tener la saga cuando gira bajo la denominación genérica X-Men. Aquí tenemos sólo a una chica que adivina la muerte de las personas que le rodean (vaya regalito…), y la villana, una mala de armas tomar con un mal aliento literalmente infecto…

Pero tampoco James Mangold era la mejor opción como director, tras haber dejado la serie los iniciales, y bastante mejores, Bryan Singer y Brett Rattner. Mangold, además de algún mediocre thriller al servicio de Stallone, como CopLand, es autor de varias mamarrachadas como Inocencia interrumpida o Noche y día, aunque también de una meritoria Identidad. Aquí no parece estar en su mejor momento, y rueda con desgana esta aventura fantástica que sólo en algunas ocasiones alcanza instantes de auténtica tensión, como la escena que se desarrolla sobre el techo del tren bala, rodado con una notable fuerza y con un excelente montaje. Lástima que el resto no raye a esa misma altura.

Hugh Jackman, que “es” ya Lobezno y probablemente pase a la Historia del Cine por este papel (salvo que, un poner, en el futuro haga un buen Hamlet, lo que resulta improbable…), se toma muy en serio su papel de lobo humano con bastantes malas pulgas pero, obviously, buen corazón, que para eso es el muchacho de la película. El resto son intérpretes desconocidos por estos pagos, lo cual hace suponer que entre Jackman y los chicos de los efectos especiales se habrán llevado la morterá, la parte del león (o del lobo…) de los cien millones de dólares que ha costado esta excursión al Japón del héroe más peludo que ha parido el cómic y el cine.

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126'

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Lobezno inmortal - by , Aug 02, 2013
1 / 5 stars
Logan en Japón