Película: Los casos de Victoria

La comedia francesa, o dramedia, como es este caso, tiene una larga tradición que hunde sus raíces nada menos que en Méliès, hace más de un siglo. Así que los franchutes van de sobrados cuando afrontan el género. Otra cosa es que estén más o menos inspirados. La comedia francesa que más nos gusta es la ligera, la del Renoir de Partie de campagne, la del Rohmer de Pauline en la playa, o la del Resnais de Amar, beber y cantar, por poner tres ejemplos muy distintos, tanto temática como cronológicamente.

Los casos de Victoria no llega, ni de lejos, a esos niveles, como era de prever, aunque tampoco está exenta de elementos de interés; el más evidente quizá sea el de intentar hacer cine de la cotidianidad, en este caso el de la vida más bien desastrosa de una mujer de mediana edad, divorciada y con dos hijas pequeñas a su cargo, abogada en ejercicio, con una horrible vida social (tiene esporádicos encuentros sexuales buscados por internet), doméstica (el canguro se le va y el que llega, un antiguo cliente suyo, ha estado en la cárcel por camello) y laboral (un amigo le pide que le represente en un caso de supuesto maltrato conyugal, pero un subterfugio legal provoca su inhabilitación durante seis meses).

Es cine entonces de la cotidianidad, que ahora se estila mucho en el país vecino, magnificado para la ocasión e hiperrevolucionado para que podamos compadecernos de esta pobre cuarentona con una vida como para suicidarse (sí, también tendremos el numerito correspondiente…); el problema de este cine es que tienes que conectar con él, y si no, es difícil que lo disfrutes. Filmado con profesionalidad pero sin mucha personalidad que digamos, la película es el segundo largometraje de ficción de su directora, Justine Triet, tras su anterior y bastante apreciable La bataille de Solférino (2013). Utiliza Triet un humor irónico, que busca antes la complicidad que la sonrisa. Una complicidad con la protagonista que, ciertamente, consigue plenamente, tal vez apiadados de la vida cual montaña rusa que le ha tocado vivir.

Un final que reivindica la visibilidad de lo invisible, y sobre lo que no se puede hablar mucho más so pena de incurrir en “spoilers”, culmina un filme irregular, con algunas virtudes pero también severos defectos: cierta sensación de inanidad, entre tantas cosas como ocurren, es uno de ellos; quizá el “horror vacui”, que intenta cubrir otras carencias. Entre sus temas valiosos quizá esté el del retrato de una mujer de nuestro tiempo, independiente económicamente (aunque con serios problemas para llegar a final de mes, como todo quisque), libre sexualmente, aunque con carencias afectivas que no tienen necesariamente que ver con esa sexualidad sin gazmoñerías, y con capacidad de decidir hacia dónde quiere dirigir su vida, aunque eso suponga tener que poner orden en una existencia en la que la palabra caos resulta insuficiente para definirla.

La actriz belga Virginie Efira parece que se está convirtiendo, a la chita callando, en una de las estrellas de andar por casa que este cine de la cotidianidad francés está poniendo de moda, en películas como Pastel de pera con lavanda o Un hombre de altura. Es una mujer a la que, es evidente, la cámara quiere, y cuya capacidad actoral a veces se encuentra mediatizada por papeles que le exigen (como en este caso, pero también en los títulos citados) una interpretación al borde del histrionismo; nos gustaría verla fuera de ese tono también, para calibrar más adecuadamente la variedad de sus registros. Vincent Lacoste es uno de los jóvenes valores del cine galo, y parece que promete bastante, aunque nos da la impresión de que su físico quizá lo limite en su carrera.


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97'

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Los casos de Victoria - by , Sep 03, 2017
2 / 5 stars
La visibilidad de lo invisible