Película: Los chicos del maíz Son curiosas las similitudes que existen entre este filme, así como el relato corto que lo inspira (incluido en el libro de narraciones cortas El umbral de la noche, el más imaginativo de este tipo de volúmenes publicados por Stephen King), y la película española ¿Quién puede matar a un niño?, dirigida en 1976 por Narciso Ibáñez Serrador. En ambos casos hay una comunidad de niños que se rebelan contra el mundo de los mayores, a los que pasan a cuchillo; hay una pareja de adultos que llega al lugar y que tendrá que intentar escapar de los críos, convertidos en una banda de criminales. También hay diferencias, por supuesto, no siendo la menor que, mientras en la película de Ibáñez Serrador no existía causa alguna más allá de la mera rebelión de un mundo infantil permanentemente víctima de los mayores, en el relato y en el filme de inspiración kingiana hay toda una secta de religión ultramontana. Sin embargo, la película de Fritz Kiersch deja bastante que desear: aunque parte de un relato corto de treinta páginas, sin embargo omite una de los temas más interesantes del mismo, la descomposición de la convivencia, pues la pareja protagonista, en el relato, está prácticamente al final de su vida matrimonial, rota por la inercia vital, por la cotidianidad, y ello se refleja cruelmente en su relación también con los chicos. Kiersch y su guionista obvian este tema, e incluso terminan la historia de forma positiva, salvándose la pareja y los dos chicos "buenos", y masacrando al resto, cuando King mostró un final mucho más inquietante, en el que la pareja de intrusos muere y la secta se hace más y más poderosa, e incluso engendra un hijo del brazo armado, Malachai. Evidentemente, ese tipo de traiciones al original no tendría mayor importancia si los cambios fueran para mejor o, al menos, para igualar el texto original. Pero sí la tiene cuando con ello lo que se consigue es empeorar el tratamiento primitivo, con una planificación ramplona y escasamente cinematográfica, reiterativa (esos planos subjetivos desde los que los niños "malos" observan a los intrusos, tan repetitivos) y falta de ideas. Apenas se alcanza a vislumbrar cierto entonamiento en, por ejemplo, la forma de presentar la muerte del viejo Diehl, el gasolinero, cuando entra en el cobertizo-taller y sólo vemos planos detalle de las armas de Malachai y sus adláteres, sin verlos realmente a ellos, para más tarde mostrarnos, en el exterior y en el suelo, sólo la mano del viejo agarrando, ya muerto, el collarcito ensangrentado de su perro. Pero aparte de este destello de buen cine, de esta elipsis bien resuelta, el resto adolece de un ritmo cansino, que no termina de inquietar, como debería. El miedo que produce está ligado más claramente a la posibilidad de que los niños hagan daño físico a los adultos, antes que por la simple exposición del terror en estado químicamente puro, como en el gran cine del género. Sólo las secuencias ilustradas con la misteriosa música de Jonathan Elias, que se apoya en coros de voces infantiles con tonos sutilmente malévolos, despiertan cierto desconsuelo en el espectador, como se le pide a un filme de terror. Por lo demás, no se profundiza tampoco apenas en lo sectario de este clan ultrarreligioso, uno de los temas predilectos de King, el dominio de los otros a través de las ideas punitivas de un Dios tonante y apocalíptico, siempre aprovechado por el listo de turno. Acertada elección la de los jóvenes actores de los dos líderes, el pequeño Isaac, de pelo negro y mirada extraordinariamente dura, al que hubiera podido sacársele más partido, y el casi adulto Malachai, de ojos torvos y presencia inquietante. Los adultos cumplen su cometido sin más, entre ellos Linda Hamilton, que después se haría famosa con los dos primeros episodios de Terminator. En resumen, una película gris, que no se priva en su torpe realización ni siquiera del último susto, por cierto muy mal resuelto, hecha con pocos medios pero sin paliar esa falta de presupuesto con la suficiente dosis de imaginación, y que sin embargo consiguió un éxito de público bastante superior al previsible, tal vez porque era novedoso (al menos en el mercado yanqui, como ya hemos visto al principio de este capítulo, pues en el español sí que conocíamos el tema) el hecho de que fueran tiernos niños los autores de estas sanguinarias matanzas.

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88'

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Los chicos del maíz - by , Jan 16, 2007
1 / 5 stars
¿Quién puede matar a un niño?