Película: Los guapos del parque En 1925 Buster Keaton realizó una de sus obras maestras, Siete ocasiones, sobre un pobre hombre que, para heredar una fortuna, ha de casarse, lo que le meterá en un lío considerable al ser una multitud de mujeres la que quiere desposarle (y con ello, secundariamente, compartir con él unos milloncejos de nada…). Ese mismo tema sería presentado en fecha tan temprana como 1904 por Segundo de Chomón en esta Los guapos del parque, cuyo título en catalán, L’hereu de Ca’n Pruna, es bastante más concreto: El heredero de Casa Pruna.

Curiosamente, tampoco Chomón era original en este tema, pues ya el cine norteamericano había hecho poco antes hasta dos versiones de un argumento parecido en sendos cortometrajes producidos por la Biograph y Edison, respectivamente.

El heredero de Casa Pruna (un tipo feo como Picio, o al menos maquillado para que así lo parezca: el primer cine mudo cómico francés, pero también el español, jugó mucho con afeites, postizos y maquillajes varios para conseguir el efecto risible directamente por la fealdad de sus actores) decide que, para casarse, lo mejor es colocar un anuncio en una pared pública que indique que él mismo estará en determinado lugar a una hora en concreto, a fin de comprometerse en matrimonio con una damisela. Como resulta que el tipo es heredero legal de un hacendado del lugar, un buen número de doncellas dan en acudir a la cita. Así las cosas, lo que parecía una excelente idea se convierte en una pesadilla, cuando hasta un total de catorce dones (ya que son catalanas…) persiguen al protagonista para conseguir su objetivo de casarse con el pánfilo. Así vemos al incauto corriendo y triscando por el parque, subiendo muros, tirándose por terraplenes, corriendo cual atleta de triatlón… sí, porque hasta monta en bici; nada más que le falta hacerse unos largos, aunque al final hay una pileta sospechosa: el hecho de que la única copia que se conserva haya perdido los metros finales no nos permite asegurarlo, pero tiene toda la pinta de que el feo termina sumergido en el estanque y también las bellas (bueno, vale, las mujeres…), en una suerte de paleo-jacuzzi (aquel debía estar bastante más frío, es cierto…).

Por supuesto que la elipsis no estaba entre los recursos conocidos de la época, y Chomón nos castiga con todas las persecuciones enteritas, sin ahorrarnos nada: vemos a las señoritas subir, una a una, con más huevos que el caballo de Espartero (ya sé que la comparación es vulgar, y que las mentadas gónadas no se corresponden con las anatomías femeninas de las perseguidoras, pero creo que se me entiende…), por una pared, lo que está muy bien porque ejercita la paciencia del espectador y eso nunca está de más. Esa misma operación la contemplaremos, sin faltar ni una de las catorce mujeres, en el resto de obstáculos que las guapas (bueno, por decir algo) casaderas han de superar para llegar hasta su enamorado.

Por lo demás, Los guapos del parque tiene como curiosidad ser una de las primeras películas de ficción del cine español del Mudo; Segundo de Chomón y Fructuoso Gelabert se consideran los dos cineastas que iniciaron este tipo de filmes, empezando a apartarse de los primigenios documentales que rodaban los Lumière, y en España su empleado Alexandre Promio.

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Los guapos del parque - by , Nov 25, 2013
2 / 5 stars
Catorce ocasiones