Película: Los ojos del gato Para este filme de episodios, Stephen King, como guionista, escogió dos relatos suyos incluidos en ese antológico cofre de pequeños misterios que se han llevado reiteradas veces a la pantalla, el libro de cuentos “El umbral de la noche”. En el primero, titulado en el libro “Basta, S.A.”, se condensa la obsesión de King por el tabaco, al que fue adicto durante buena parte de su vida. No es difícil imaginar cómo surgió la idea de esta entidad dedicada a acabar con el vicio de fumar de forma más que radical: para un fumador empedernido que además es escritor, y especializado en terror e intriga, estaba cantado que en algún trance de síndrome de abstinencia debería imaginar algo como esta cruel organización que castiga al reincidente en el vicio con sevicias tales como poner a su mujer a la parrilla, como San Lorenzo, violarla o cortarle un dedo.
En el segundo episodio se adapta “La cornisa”, relato en el que King ejemplifica una de sus fobias personales: los ricachones de poder omnímodo, con el millonario apostador que juega sobre seguro siempre y al que esta vez el destino le fallará, para ser como el cazador cazado y acabar estampado sobre el asfalto, doscientos metros por debajo de su lujoso ático. Los magnates no son precisamente del gusto de King, y este capítulo lo muestra bien a las claras: físicamente repulsivo, acostumbrado a ganar siempre, brutal con sus subordinados, con instintos asesinos, amante del juego sucio... una joya. Por último, en el tercer episodio, King escribe directamente para la película, y su tema es el miedo de los padres a que los animales compartan el día (y, sobre todo, la noche) con sus hijos, quizá una contrafigura de la dura historia de “Cujo” (ver crítica en CRITICALIA); aquí será un gatito callejero el que salvará a la niña de rizos rubios de un monstruito que, por lo demás, resulta extraordinariamente simpático, un irreverente bufoncillo con malas pulgas y peores intenciones; realmente toda la historia surge, como en buena parte de la literatura de King, de la tradición popular. En este caso, del dicho que asegura que los animales que duermen en la misma habitación que sus amitos pequeños "les roban la respiración". Aquí no sólo no es así, sino que impide que ello ocurra, y el bufoncillo no hace sino corporeizar ese miedo ancestral, transmitido de padres a hijos, para con los animales en el trance oscuro y tenebroso de la noche.
Lewis Teague, ya familiarizado con el universo kingiano en la estimable “Cujo”, pone en imágenes con su habitual soltura y buen hacer esta película inevitablemente irregular, como todo filme de episodios, destacando las continuas vueltas de tuerca del episodio del fumador, incrédulo ante tanto salvajismo de la entidad antitabaco y sin embargo impotente ante ello. No obstante, tanto King como Teague lo dan con cierto toque de humor macabro, como si ellos mismos se rieran de las trapisondas de este fumador que quiere/no quiere dejar de serlo, sobre todo en las secuencias en las que es tentado por el vicio. Parábola sobre la intolerancia, es una historia mínima pero contada vigorosamente, una denuncia en cierta clave de humor sobre cómo los remedios pueden ser peores que la enfermedad.
En “La cornisa”, Teague se mueve también como pez en el agua. El escenario de casi todo el episodio es el ático del ricachón y, cómo no, la cornisa de marras, y en ella realiza un auténtico y virtuoso "tour de force"; a pesar de sus escasas dimensiones y de la posibilidad de caer en la monotonía, Teague y su guionista King dosifican los peligros de la breve extensión de quince centímetros alrededor del edificio. Su tema es la inhumanidad, la capacidad del ser humano de ser inhumano, sobre todo desde el poder que da una cuenta corriente abultadísima y un patrimonio que te pone a salvo (o no…) de toda contingencia.
El tercer episodio es el temáticamente más flojo, apoyado en la superstición citada, pero de todas formas, como los otros dos, mantiene un tono estimable, formalmente bien resuelto y con la ventaja de contar con el fascinante monstruito diseñado por Carlo Rambaldi, el inolvidable creador de entes como la bestia de “Alien”. No conviene olvidar algunos memorables trabajos en el equipo de actoress, desde el personaje que compone, entre lo cómico y lo patético, James Woods, superado por una realidad que le excede, hasta el ricachón que hace Kenneth McMillan, perfecto en su odioso personaje, que te hace desear que se estampe contra el suelo de la Segunda Avenida…

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90'

Año de producción

Los ojos del gato - by , Jan 19, 2007
3 / 5 stars
El cofre de pequeños misterios