Película: Los Tommyknockers Aclaración previa para quien no esté familiarizado con el monstruario infantil norteamericano: al igual que en España y su área geográfica las figuras del Hombre del Saco, el Coco y el Sacamantecas son muy populares entre madres y padres para amedrentar a los niños con diversos fines (desde hacer que coman hasta impedir que estén fuera de casa más tarde de lo conveniente), en Estados Unidos, además de algunas de esas bestias semihumanas (como el Coco), tiene un lugar preeminente entre los miedos infantiles los llamados Tommyknockers, una especie de fantasmas de aspecto un tanto desconocido, aunque en cualquier caso horripilante, entre cuyas características figuran la de excavar túneles en los bosques, desde los que asustan a los niños; eso, cuando no pueden merendárselos directamente… Sobre esa figura del monstruario infantil escribe Stephen King su novela, por supuesto desde su siempre especial perspectiva, haciendo en este caso que tales seres no sean otra cosa que extraterrestres que medran en el subsuelo esperando el momento de tomar el poder sobre este, para ellos, infinitamente subdesarrollado planeta.

Se ha dicho con alguna frecuencia que Los Tommyknockers es la versión kingiana del clásico cinematográfico de Don Siegel (adaptado años después de nuevo, y con apreciables resultados, por Philip Kaufman y, con menor fortuna, por Abel Ferrara y Oliver Hirschbiegel) La invasión de los ladrones de cuerpos. No le falta razón a tal aserto, aunque, puestos a buscar, también cabría encontrar similitudes con otros clásicos del cine, como Alien, el octavo pasajero, puesto que los extraterrestres en cuestión tienen un parecido más que sospechoso con las criaturas de la película de Ridley Scott, o incluso con narraciones del propio King: recuérdese, por ejemplo, la hipnosis colectiva en la que caen los chavales en Los niños del maíz, o la perversión global de los vampiros en El misterio de Salem’s Lot, que se asemejan bastante al estado de trance en el que se sumen casi todos los habitantes de Haven, la población en la que se desarrolla esta historia.

John Power, cineasta australiano de escasa relevancia, fue el encargado de poner en imágenes este telefilme, con prácticamente todos los defectos del formato (escasez de presupuesto, actores relativamente poco conocidos y no precisamente brillantes, rodaje rápido y sin florituras), aunque también algunas de sus virtudes (mejor identificación de los actores con sus personajes, al no ser populares). Realizada con cierta sobriedad, el relato televisivo tiene coherencia y es fácilmente asequible para el público. Eso sí, no termina de convencer con la confusa explicación de los motivos de los Tommyknockers para vampirizar las voluntades de los habitantes de Haven, que se supone sería revitalizar los cuerpos y mentes de los alienígenas y dominar a través de ellos la Tierra.

No sería justo omitir algunos buenos momentos, que indican cierta capacidad imaginativa; así, Power y su guionista, Lawrence D. Cohen, viejo conocido de las adaptaciones kingianas, se permiten transformar la manera en la que Becka, en la novela, recibe la información (por supuesto emitida por los Tommyknockers) de que su marido, Joe, le es infiel. Mientras que King utiliza para ello una figura de Jesucristo colocada sobre el televisor, los cineastas han preferido un juego más fílmico, haciendo que sea el propio presentador de un concurso típico de telebasura el que se dirija directamente a la mujer y entable con ella una conversación. Esta pirueta es cinematográficamente muy agradecida e introduce además cierto humor curiosamente muy kingiano. Así, cuando Joe se electrocuta tras seguir Becka las consignas de los alienígenas a través del presentador, éste, teóricamente en la despedida de su programa, se despide con un "Buenas noches y felices sueños", mientras el hombre se achicharra con el dedo en el botón del televisor: humor típicamente kingiano, esa ironía siniestra tan peculiar del escritor.

Otro detalle de la cosecha de Cohen y Power es la muerte de Ruth, la agente de policía de Haven. King la hace morir en el libro en un atentado perpetrado por ella misma, bajo la influencia de los extraterrestres, mientras es acosada por un gran número de murciélagos. En la película Ruth muere a manos (dicho sea "sensu lato") de su gran colección de muñecos, que cobran vida y la acosan cuando la mujer se da cuenta de lo que está ocurriendo en el pueblo y pretende buscar ayuda federal. La frase "demasiado tarde", dicha con la vocecilla infantil pero siniestra de los muñecos, anuncia la muerte de la oficial de policía como una macabra escolta.

Algunos elementos más de interés: la elección de la entonces reciente ex actriz porno Traci Lords para interpretar el papel de la cartera Nancy, una especie de ninfómana que, o pretende acostarse con cualquier cosa con pantalones, o bien los mata, es un acierto. Lords, cuya experiencia en ese tipo de papeles nadie duda, confiere a su personaje una credibilidad explosiva; sin duda el rijoso King la saludaría como una muy interesante aportación de la responsable del "casting".

Por supuesto que la novela (y su adaptación televisiva, que en general es muy respetuosa) está inmersa plenamente en las obsesiones kingianas: la cotidianidad quebrada por elementos sobrenaturales, la incredulidad de los ciudadanos ante sucesos que no comprenden, la inmolación del héroe anónimo, la lucha del Bien y del Mal, la aparición de poderes paranormales en los seres humanos... Todo ello bañado en la sempiterna luz verde fosforescente que constituye la imagen de fábrica y la huella de los Tommyknockers, tanto en los artilugios que han enseñado a inventar a los incautos recipientes de su voluntad como en su nave y cuanto se relaciona con ello. Si King hubiera leído a Lorca, tal vez habría podido subtitular su novela con el conocido verso: "verde, que te quiero verde"...

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115'

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Los Tommyknockers - by , Jun 21, 2014
2 / 5 stars
Verde, que te quiero verde