Película: Loving

Jeff Nichols sigue confirmándose como uno de los nuevos y más firmes valores del cine independiente norteamericano. Tras Take Shelter (2011), que gustó, se superó con Mud (2012), libérrima traslación del universo Mark Twain a nuestros días, y con Midnight Special (2016) confirmó sus dotes como cineasta, aunque el final no estuvo a la misma altura del resto del filme.

Con Loving (que al parecer le fue sugerida por Martin Scorsese) Nichols da una vuelta de tuerca a su filmografía y se adentra ahora en el drama de corte histórico, en este caso dentro del siempre lacerante tema de los derechos civiles en Estados Unidos. Su historia, verídica, es la del matrimonio interracial compuesto por Richard y Mildred Loving, él blanco, ella negra, que se casaron en el condado de Columbia, en Nueva York, pero vivían en el muy racista estado de Virginia a finales de los años cincuenta, donde las leyes de la región prohibían expresamente ese tipo de matrimonios llamémosle mixtos. A partir de ahí comenzará un calvario, primero cuando, a cambio de declararse culpables (¿de qué, de amarse?), se ven obligados a exiliarse a la ciudad. Pero ellos quieren volver a vivir en su tierra, donde siempre lo hicieron, y criar allí a sus hijos…

Loving es uno de esos filmes que te gana por su tema, y que tiene la capacidad de confirmar los niveles de bajeza a los que es capaz de llegar el ser humano, y encima de todo revestirlo de pompa, supuesto respeto y dignidad. Porque el hecho de que una ley proscriba un matrimonio interracial, en un país civilizado y que tiene como símbolo más icónico un monumento que se llama Estatua de la Libertad, es una contradictio in terminis absolutamente aberrante.

Nichols, con buen criterio, y como ya nos ha mostrado en sus filmes anteriores, nos cuenta su historia como en do menor, sin excesos ni salidas de tono. El tema se hubiera prestado a grandes gritos e histerias, pero él prefiere, con buen criterio, auscultar los rostros turbados de sus dos protagonistas ante un destino que no entienden, que no pueden entender. Su pecado es amarse, querer estar juntos y criar a su prole: ¿cómo puede ser eso delito? El guionista y director nos cuenta la historia de esta pareja que tampoco es que fueran unos héroes extraordinarios, sino que tuvieron la (mala) suerte de ser los primeros que se enfrentaron (a empujones, habría que decirlo) a la abyecta ley que les prohibía lo más querido por ellos.

Está elegantemente rodada, sin estridencias; es suficiente el torvo rostro del sheriff, sus modos como de cabrón cuando trata a la pareja, o la suficiencia canalla del juez que se cree el hombre más honesto sobre la tierra mientras pisotea lo que de verdad es más sagrado en el ser humano, el amor entre dos personas. En su abyecto, amenazador “speech” al protagonista, el sheriff dice que Dios hizo a la liebre, liebre, y al conejo, conejo. Lástima que se equivocara, porque resulta que en este caso, liebre y conejo son lo mismo; sólo les diferencia el color de la piel…

Notable composición de la pareja protagonista; Joel Edgerton está espléndido, en un papel muy interiorizado, un hombre corriente, de carácter simple, que solo quería vivir una vida normal con su familia, al que la incuria del gobierno regional le llevó a un calvario vital; Ruth Negga es más extrovertida, su personaje es el más sensible de los dos y se permite expresar las duras emociones a las que fue compelida. Entre los secundarios aparece en un papel episódico, casi un cameo, Michael Shannon, que se ha convertido en el actor-fetiche del director.


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123'

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Loving - by , Jan 26, 2017
3 / 5 stars
Cuando la liebre y el conejo son una misma cosa