Película: Luces al atardecer Cualquiera que haya visto una película del finés Aki Kaurismäki sabe qué clase de cine hace: un universo triste y desolado, un páramo urbano lleno de rostros hieráticos, una tragedia tras otra, enteramente un valle de lágrimas al borde del Círculo Polar Ártico, como si figuradamente la noche de seis meses durara eternamente en aquella inhóspita (en cuanto a clima: en bienestar social nos da sopas con honda al resto del orbe…) tierra.
“Luces al atardecer” no desmerece en absoluto de esa sensación que transmite todo el cine de Kaurismäki, con “La chica de la fábrica de cerillas” (ver crítica en CRITICALIA) como película-insignia de su filmografía y de sus intenciones temáticas y estéticas; estamos, pues, ante una historia deprimente, para la que conviene ir “puesto” de Prozac. Al protagonista le pasan todas las desdichas imaginables, y eso que no se da cuenta de que la cura a su soledad está tan cerca: vigilante jurado (vamos, “segurata”, como se dice coloquialmente en España) despreciado por sus compañeros es inesperadamente cortejado por una chica que le busca una ruina por orden de su jefe, un capomafia sin aspecto alguno itálico pero con los mismos escrúpulos (o sea, ninguno…) que sus colegas sicilianos. Entretanto, nuestro pobre infeliz no verá lo que tiene ante sus ojos: el amor, tan próximo, tan callado…
Filmada con la hierática austeridad espartana típica de Kaurismäki, con esos rostros de mirada torva, esos escasísimos diálogos, ese pálido microcosmos de un Helsinki permanentemente en penumbra, no defrauda a sus seguidores, y deja algunas perlas de desoladora belleza: véase la excepcional escena en la que la silente amante del protagonista (que aún no sabe de ese amor) se entera de que su adorado segurata sale con otra: las luces de su pequeño kiosko de venta de salchichas se irán apagando, una tras otra, hasta oscurecerse el cubículo totalmente, como el propio ánimo de la vendedora de perritos calientes, al conocer la triste nueva de la pérdida de su amado.
No es ésta una película precisamente para pasar el rato: hace falta estómago (no por que haya escenas duras, sino por su falta de condimento, de especias que la hagan más sabrosa) y mucho espíritu cinéfilo. Pero también es cierto que es cine inhabitual, del que habría que proteger si estuviera en peligro. Claro que, afortunadamente, Kaurismaki sigue haciendo cine periódicamente; es lo bueno que tiene esto de gastar menos en presupuesto que Chiquito en ansiolíticos…

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80'

Año de producción

Luces al atardecer - by , Jan 06, 2007
3 / 5 stars
Desolación, masculino singular