Película: Madame Marguerite

Xavier Giannoli es un guionista y director francés, con una todavía corta carrera, y que internacionalmente se ha destapado con esta historia de época, Madame Marguerite, que tiene reminiscencias de El crepúsculo de los dioses, la inolvidable Sunset Boulevard de Billy Wilder.

Años veinte, en la Francia de la postguerra, en el tiempo en el que están germinando y eclosionando los "ismos" (cubismo, fauvismo, simbolismo, apollinairismo...), que cambiarían la concepción del arte. En ese tiempo de transformación, en esa etapa de entreguerras, sin embargo, una filántropa se dedica a mantener el fuego de la ópera. La baronesa Marguerite Dumont tiene un círculo altruista que realiza sesiones de canto a beneficio de los huérfanos de la Gran Guerra. En ella cantan varios artistas incipientes, nuevos valores del bel canto, reservándose la última actuación a la propia baronesa, que sin embargo es un desastre como cantante. Todos hacen oídos sordos (nunca mejor dicho...) al permanente desafinamiento de la supuesta diva; unos por mantener su beneficio económico, otros (su marido, fundamentalmente, pero también el que es su hombre para todo: fámulo, secretario, pianista, que la tiene en un altar y no osa que nadie la baje de él) por amor, o por cariño, o por auténtica devoción; algunos incluso por pura lástima, como si quitar la venda de los ojos de la baronesa le supusiera hundirla anímica, incluso físicamente.

Giannoli cuenta su historia jugando con habilidad con dos tonos, el disparatado de los años veinte en la Francia que estaba contentísima de haberse conocido, la Francia que había despertado de la pesadilla de la Gran Guerra y se dedicaba con fruición a divertirse y a poner patas arriba todo lo establecido, la Francia bohemia. Por otro lado está la visión más estable, más centrada, la de un país que se resistía a ceder sus postulados conservadores, tradicionales. En ese juego, en esa contradicción, Giannoli juega sus cartas con habilidad, y nos presenta el retrato de una mujer cuya desmedida afición por el bel canto no será, finalmente, sino su deseo, su anhelo de no perder a su marido, de conseguir mantenerlo a su lado, a toda costa, a todo trance, aunque por el camino pierda la razón, quizá la vida.

Con buen ritmo narrativo, con cuidada ambientación e interpretación ajustada, en especial la espléndida Catherine Frot, que compone una baronesa Dumont extraordinaria, con resabios de la Gloria Swanson de la mentada Sunset Boulevard, Madame Marguerite termina siendo un filme crepuscular, el final de una época y la invocación de otra, la que en la década de los años treinta incubaría una hecatombe sin nombre.

En un momento del filme, un personaje dice que la vida, o se sueña, o se vive. El personaje de Madame Dumont, que existió realmente (con el nombre de Florence Foster Jenkins, neoyorquina; esta historia la magnifica, como no podría ser de otra forma), eligió la primera opción, ser la diva que ella soñaba para su marido, para quien realmente cantaba (horriblemente, es cierto) siempre.


 


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Duración

127'

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Madame Marguerite - by , Sep 30, 2016
3 / 5 stars
O la sueñas o la vives