Película: madre!

Darren Aronofsky es un director, guionista y productor que tiene más que acreditado lo raro de su cine. Desde que debutó en el largo de ficción con la extrañísima Pi. Fe en el caos (1998), batiburrillo indie sobre el talmud, la numerología, la cábala y el nombre de Dios (tal cual), que sin embargo nos presentaba a un tipo con muchas ideas y que sabía mezclarlas con desparpajo, sus pelis no han dejado indiferente; le pasó con Réquiem por un sueño (2000), viaje a los infiernos de la droga en un contexto doméstico de clase media, pero también con El luchador (2008), sobre un cascado “wrestler” (practicante de “catch”, para entendernos) que intenta acercarse a su hija con la que apenas ha tenido relación cuando se da cuenta de que su vida no da más de sí. De hecho, ésta se podría considerar casi la más “normal” de sus pelis. Porque tampoco Cisne negro (2010) se puede decir que fuera cine corriente, sobre una bailarina de élite y la forma en la que la presión artística y familiar influye en sus (trágicas) decisiones.

Así las cosas, sorprendió de Aronofsky que hiciera Noé (2014), al fin y al cabo un “blockbuster” sobre el Diluvio Universal, un film dentro de los esquemas de Hollywood, que recibió una somanta de palos por parte de la crítica y una tibia acogida por parte del público. Ahora parece como si el cineasta neoyorquino se hubiera querido tomar la revancha con esta madre!, yéndose al otro extremo, porque su nueva película se puede decir que es cualquier cosa menos comercial, menos estándar.

Una pareja se ha mudado recientemente a su nueva casa en el campo. Él es escritor de renombre, aunque tiene problemas para volver a crear; de ella no sabemos su ocupación, aunque vemos que dedica casi todo su tiempo a la reforma de la vivienda. Una noche llega un hombre que busca habitación, creyendo que ellos la alquilan; es doctor y pronto se confiesa rendido admirador del escritor, por lo que éste, envanecido, le invita a quedarse en la casa, dado que, según le dice, no tiene donde ir; al día siguiente llega la mujer del doctor y se autoinvita, ante la incredulidad de la propietaria de la casa, que no entiende la generosidad cuasi temeraria de su marido…

El problema de madre! (con el título así, escrito en minúscula, como en el original) es, seguramente, que es tan interpretable que permite que cada espectador pueda hacer su propia película. En principio nada que objetar, pues ésa debería ser la máxima del artista, la de ofrecer su obra y que el público la interprete como le pluga. El problema es que esa “interpretabilidad” absoluta, si convenimos en llamarla así, viene dada más bien por el pandemónium de referencias que el cineasta vuelca en su película más que por la existencia de una línea concreta que permita hacernos una idea de por dónde van los tiros. Según parece, Darren ha hablado de una posible interpretación bíblica, lo cual pudiera ser cierto en algunos temas, desde la preñez cuasi milagrosa al acto de suprema ofrenda de entregar al hijo para la salvación de todos (dicho sea esto con un retorcimiento bastante evidente: pero es que el film es muy, muy retorcido…).

Pero es que cabrían otras interpretaciones. De hecho, las referencias son múltiples, casi todas cultistas. Así, no sería ocioso hablar del teatro del absurdo, de Ionesco y Beckett, pero también de la obra de Pirandello (Así es, si así os parece, por ejemplo) e incluso del teatro pánico: toda la parte final es muy Arrabal, muy Jodorovsky, muy Topor. Cabría hablar también del mito del eterno retorno, del lazo de Moebius, de la metempsicosis, y hasta de la vanidad y la egolatría del artista, aquí en grado superlativo: tanta referencia desactiva el film, que busca voluntariamente incomodar al público (sí, como el teatro pánico…), buscando la identificación del espectador con la protagonista, único personaje que se puede denominar “normal” en ésta por lo demás película irreprochablemente filmada.

Estilísticamente hablando, Aronofsky opta por seguir a su protagonista cámara en hombro, por filmar en planos generalmente cortos (primeros planos y planos medios como mucho), salvo cuando entra en escena la turbamulta final, secuencia en la que abre el campo hasta el plano general, buscando entonces aterrorizar por acumulación de excesos al público.

No ha acertado Darren en su nueva película: se le puede elogiar la osadía de hacer un film comercial al uso, con un coste de 33 millones de dólares, con un tema que eriza al público y lo pone en su contra, con una historia interpretable hasta la extenuación, pero poco más: si Cisne negro era rara pero inteligible, ésta resulta rara e ininteligible. Algunos compañeros de la crítica llaman a Aronofsky esnob y diletante: ¿a que van a tener razón?

En la interpretación, Jennifer Lawrence, como siempre, estupenda, a pesar de que su personaje, sobre el que recae el peso de toda la película, ha de pasar por momentos de un dramatismo extraordinario, que ella es capaz de sacar adelante con su reconocido talento; nuestro Javier Bardem, sin embargo, hace lo que puede con su “no-papel”, un personaje que no es sino una percha que sirve a las intenciones del guionista y director, pero que carece de carne, sangre y huesos, lo que se dice un estereotipo. Entre los secundarios, Ed Harris, como siempre muy bien, y la que sorprende es una Michelle Pfeiffer que parece ha vuelto para quedarse, en un rol de mujer libre cuya mirada taladra. Como curiosidad, los hijos en la ficción de la pareja Harris-Pfeiffer los interpretan dos hermanos auténticos, Brian y Domhnall Gleeson, a su vez hijos del gran actor irlandés Brendan Gleeson.


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121'

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madre! - by , Oct 07, 2017
1 / 5 stars
Pandemonium